Me está dejando, lo puedo sentir. Me recorre desde las apretadas sienes hasta el extremo más alejado de mis nudillos. Me asfixia en cada pensamiento, en cada contemplación del futuro.
Puedes definir muy bien los periodos de calma y luego observar la irregularidad pulsante de mi ser.
Mis sentidos atormentan mi razón, y está sucumbiendo ante el peso de los gritos olvidados.
Se transforma, mitad monstruo, mitad ángel. Pero con cada apuro del destino más gana el monstruo que el ángel.
La he matado entonces, y no me he dado cuenta antes de lo mucho que la necesitaría a mi lado. No por mí, si no por aquellos que mantengo cautivos en mi existencia.
La busco más allá de mis decepciones, en cada herida a medio cerrar, en cada parte rota de mi soledad.
Está acechándome, esperando de manera sádica y ansiosa que me dé por vencido. Y me doy cuenta que ya no puedo luchar, la felicidad invade mi alma.
Así que me ha dejado, definitivamente he perdido mi cordura.
Algo corto esta vez. Esto lo escribí el día de ayer. En mi país son muy frecuentes los cortes repentinos en el servicio eléctrico, entonces en medio de las muchas cosas que hice para mantenerme distraída por cuatro horas y media Surgió este microrelato.
Debo confesar que tuve un día bastante difícil, y la mejor manera de dejar salir esos sentimientos y resistir la frustración para mí es escribir, ya que siempre llena de paz mi alma. Estoy segura que no soy la única en sentir alguna vez que pierde la cordura.
Muchas gracias por leer este humilde microrelato. Me sintiria muy feliz de saber su opinión en los comentarios.
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