salgamos de la rutina.
Un poco de buen humor
activa las endorfinas
y como consecuencia
endulza la vida y por ende
hace más placentera la existencia.
Oye amigo (a), hoy te cuento…
¿Por qué no te he de contar?
Cada vez que me dispongo
ir al comercio a comprar;
por precios tan elevados
y gentes con su reyerta,
diciendo a quien se atraviesa:
¡esto antes me costaba
medio, un real,o dos pesetas…¡”
…Y por ser eso verdad,
te digo como decía
a mi amiguita Ruperta:
regreso a mi casita
con los ojos bien “pelaos”
con bolsa casi vacía
y la boca bien abierta...
y con la esperanza segura
de que el Creador de los cielos
en medio de su justicia
a muchos tiende sus manos,
y por tal desbarajuste
a otros pedirá cuentas.
Autoría propia