Si pudiera decirte con una mirada lo que despiertas, se abrirían tus brazos y todas tus puertas, acogerías en tú regazo a esta alma mía y la mercerías, le cantarías, la mimarías como al hijo de tus entrañas me mirarías y sin darte cuenta, ni si quiera de que en tú ropa, hasta la última lágrima dejó impregnada a cambio de vivir, mientras se evapora en tú calor cada día y ahí, cada una de ellas, como perlas y diamantes, como joyas que adornan lo que tú no ves cuando al espejo te miras, porque no están frente a ti, sino en tú esencia, brillantes, calladas, dormidas como cada unas de las palabras que se quedaran, impregnadas, albergadas en lo más profundo de tú bellísima alma.