Simón Bolívar, ese descollante ciudadano que tuvo el privilegio, junto con otros ilustres venezolanos, de materializar esta patria llamada Venezuela, yace en un estado depauperado. Su legado vital, entiéndase, la construcción de una nación grandiosa y justa luce arrruinada, vencida, carente del brillo que le caracterizaba.
Hace tiempo que tan importante personaje, dejó de ser considerado un hombre, para ser grotescamente trocado en una burda deidad con patéticos creyentes -no compatriotas agradecidos- quienes se adueñaron de su imagen.
El ciudadano Simón Bolívar, el hombre educado, correcto, soñador, con sus virtudes y defectos, aciertos y errores, es lo que ansiosamente reclaman sus compatriotas del presente siglo. Ya el culto al Libertador esta agotado porque tiende a justificar la imposición de una deformada visión de tan ilustre personaje.
Vemos como líderes, caudillos y políticos malgastan esfuerzos en autoatribuirse el inmerecido rol de "herederos" del Libertador, de ser los "verdaderos" depositarios de sus ideales, cuando su actuación se aleja de los grandes sueños bolivarianos.
Esos sofocantes discursos, ese palabrerío inintelegible, carente de sustancia, que profanamente tratan de compatibilizar al Libertador con personajes históricos lejanos a su época, ideológicamente inconexos y de categoría inferior en algunos casos, constituye una afrenta a su dignidad y al honor de la nación.
El ciudadano venezolano ya está ahíto de la narrativa epopéyica, quijotesca de su vida, le harta esa historia maniquea, donde el Libertador es un astro centralizado omnipotente y todopoderoso en el cual orbitan los demás próceres como satélites menores e insignificantes.
Resulta agotador la datación de la historia venezolana en "antes de Bolívar y después de él", como si la nación fuera incapaz de entregar más ciudadanos geniales, como si no existiera otra realidad; sino, el desfigurado "tiempo bolivariano" impuesto por esos blasfemos seudoherederos que desde la independencia, intrigan contra el engrandecimiento de Venezuela.
Los ciudadanos venezolanos, quieren escuchar la voz del Libertador, no de sus ventrilocuos, con ansias de poder, quieren a un Simón Bolívar cercano, no totenizado y ornamentado para rendirle culto.
Quiere un Simón Bolivar cabalgando en compañía de sus camaradas, de todos sus contemporáneos que lucharon por la independencia, juntos, sin jerarquías ni calificativos o distinciones entre patriotas y traidores.
Quiere internalizar su pensamiento, comprender su obra escrita, sus angustias y aflicciones, sus reflexiones e intereses en encontrar el camino más seguro para el progreso nacional.
Al ciudadano venezolano le horroriza el secuestro malévolo de su majestad, del adoctrinamiento mediático que proyecta a un Libertador inalcanzable e imponente, incapaz de expresar un sentimiento sincero o una palabra afectuosa.
Le abochorna las trasgresiones cometidas en su nombre, el uso de sus nobles ideales para perpetrar venganzas, crímenes y felonías destructoras del bienestar nacional. El Libertador fue un hombre honrado y jámas se le podría vincular con actividad delictiva alguna.
Es momento de que el ciudadano venezolano, honrado, solidario, cumplidor de la ley y admirador -no fanático- del Libertador reclame para sí su escencia, desprovista de máculas y ornamentos superfluos.
Saque usted sus conclusiones.
Pedro Felipe Marcano Salazar.
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Nota: Este artículo es de mi autoría, y también puedes encontrarlo en mi blog "Reflexiones de Ciudadano X".
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