Lucía no está y estoy en colapso, no sé brindar ni siquiera un abrazo. Me preguntan por qué la extraño a pesar del daño en el lapso pasado y que ya mi cuerpo padece retraso. Mental, crisis emocional, volví a caer en el mal de extrañar a Lucía más de lo normal.
Anormal, el sentir que me quiero matar y no aguantar el hecho de verla con alguien más. Vuelvo a caer en la tentación de llorar, de vomitar, de querer olvidar más que todo los besos que me ayudaron cuando estaba mal y que estoy harta de nuevo de añorar.
Lucía ya no está, su nombre me lo sé mejor que el de mamá. He olvidado el mío y los papeles del divorcio me parecen vacíos. Sí cierro los ojos aún pienso que está acá conmigo, dandome abrigo y siendo como era conmigo, cuando el tiempo no se había llevado lo que habíamos vivido.
Y me he dado cuenta que no va a volver, en parte por eso ya no quiero comer, tiendo a enloquecer, a ensordecer los consejos constantes de amigos que me dicen que la deje ir y que vuelva a ser. Constante, y aberrante, y que vuelva a sonreír como lo hacía antes, y que no ame tan fuerte porque al final todo siempre se vuelve chocante.
Que nunca aprendo y en parte por eso tengo el corazón en añejo, que me alejo, que padezco de enfermedades que solamente aparecen en mi cerebro. Que siento frío y es complejo, las mariposas se han mezclado entre los ligamentos más profundos que tiene mi cuerpo.
Lucía no está y me rompo por dentro, pensé que lo había superado y que iba a arreglarlo con el tiempo. Tiempo, solo un poco de su tiempo, pero ella no tiene tiempo para historias pasadas y malos momentos. Llevo tiempo sin escribir en esto, y lo siento, sí me desaparezco es por culpa de Lucía y la falta de su aliento.