Este brevísimo cuento es la primera de una serie de aventuras vividas por este par de inseparables amigos. He aquí la historia de lo que les pasó en Cumanacoa, en es estado Sucre en Venezuela. Les presento a Ramoncito y a Pecheche.
Desde que Ramoncito y Pecheche tienen uso de razón, son amigos. Siempre han andado juntos para arriba y para abajo. En Carúpano, en unos carnavales, conocieron la alegría, en Manicuare conocieron el fastidio, en Cumanacoa el miedo, y la seriedad en Cumaná. Es digno de contar lo que les aconteció en Cumanacoa, que fue el lugar donde conocieron el miedo.
Ramoncito y Pecheche habían llegado a Cumanacoa como a las 9:00 de la mañana, con la certeza de que algo los acechaba. Sentían que todo lloraba un llanto de cañaverales. En la parada de los carritos por puesto que van para San Lorenzo, había dos niñas y una señora que iban para un velorio, de esto se enteraron Ramoncito y Pecheche después, conversando con la señora. Era el velorio de una mujer policía.
Ramoncito y Pecheche estaban conversando con las dos niñas y con la señora, cuando de pronto se vio venir a lo lejos un muchacho en una moto. Que era un muchacho lo supieron fue después cuando finalmente él estuvo muy cerca. La moto era una chappy amarilla y esto si lo supieron desde más o menos lejos. La chappy se fue acercando. Venía tan duro que pareció por un momento que los iba a atropellar. Ramoncito y Pecheche tuvieron mucho miedo. No sabemos si la señora y las dos niñas también lo tuvieron. Lo único que se escuchaba en todo aquello era el silbido seco del motor de la chappy. Cuando esta estuvo relativamente cerca, el muchacho hizo un gesto como de morderse la lengua con rabia. Y aquel gesto fue interpretado por Ramoncito y por Pecheche como una señal de peligro. Luego el muchacho se inclinó hacia adelante en la moto, gesto que hizo más angustiante la sensación de acechanza. Y cuando la chappy estuvo ya muy cerca del grupo de gente, Jesús Vicente, que luego supimos que así se llamaba el muchacho, coleó la moto cerquita, a menos de un metro de donde estaban Ramoncito y Pecheche, la señora y las dos niñas. Y entonces, como quien pregona mangos, les preguntó: “¿Van a comprá maní?”. Y como ninguno de ellos quiso comprar maní desapareció en su moto tan rápido como había llegado.