Me levanto de mi cama y lo primero que hago es abrir las ventanas para tomar un poco de aire fresco, veo esas nubes que no se han ido en días, pareciera que el cielo estuviera triste, como si no tuviera fuerza para darnos animo con el sol de cada mañana. Han pasado tan solo 5 días desde tu partida, algunas personas me dicen que estas en un lugar mejor, eso quiero creer.
Estos días fueron todos iguales, la alarma sonando a la misma hora, he comido el mismo cereal y estoy con la misma ropa, pero lo único diferente es que no tengo tu beso de buenas noches. Extraño todas la cosas que hacíamos juntas, esos momentos que íbamos al centro comercial a comprar ropa, las veces que me enseñabas a cocinar y hasta cuando me regañabas. Es hora de hacer que las cosas cambien, estoy harta de que la gente sienta compasión por mi, estoy cansada de que me tengan lastima por haberte perdido.
Pongo a calentar el agua para darme una ducha, luego de bañarme me pongo ropa limpia para salir a comer algo, voy a tu cafetería favorita y pido un café y también el pollo con papas fritas que tanto te gustaba. Sentada en esa mesa comienzo a hablar sola pensado que lo estoy haciendo contigo, la gente piensa que estoy loca, pero la verdad no me importa... Te extraño tanto, madre. Tengo que dejarte ir, dejar de rogarte que te quedes conmigo, quiero que seas libre en donde sea que te encuentres. Después de llorar tanto sentada en la cafetería, decido irme a casa y tratar de superar las cosas, estaba muy cansada y solo tenia ganas de dormir.
A la mañana siguiente vuelvo a hacer lo mismo de todos los días anteriores pero hay algo diferente, por fin salio el sol. El día estaba hermoso, tan hermoso como lo eras tu. Entendí que tenia que dejar que tu alma fuera libre para que pudieras ser feliz en donde te encontrabas y siempre tener tu recuerdo presente. Se que ahora estas mejor, ya no estas sufriendo y desde donde estas no permitirás que mis días sean grises.