Si pensamos en qué contexto se escribió Frankenstein (el período posterior a la Revolución Francesa e Industrial), más luego unimos lo que anteriormente dije en mi anterior artículo, Frankenstein bien puede ser una novela acerca del miedo al progreso tecnológico y científico, el miedo a la novedad y lo desconocido. Es más, los sentimientos más frecuentes de esta novela tienen que ver con la tristeza, la decepción, la soledad, la ira, el miedo... y todo a causa de querer encontrar la iluminación. ¡Pero alto ahí! ¿Acaso querer encontrar la iluminación, o dicho de una forma menos esotérica, acceder al conocimiento es una mala idea? No es malo querer saber más acerca del mundo, no es malo querer tener conocimiento; lo que es un poco más retorcido es creer que con ese conocimiento te vas a hacer dueño/a del mundo, que vas a ser algo así como un Dios, o lo que es casi peor, que con ello lograrás estar por encima de los demás. Si el conocimiento es algo infinito, entonces es obvio que es algo que no puede ser controlado, y tampoco alcanzado.
El gran secreto sobre la novela de Shelley es que no va sobre la creación de la vida, sino sobre la autodestrucción misma. Antes he listado una serie de emociones que aparecen de manera casi constante a lo largo de la historia; irónicamente, la criatura aprende muchos de estos conceptos sobre soledad, venganza o abandono a través del conocimiento, tras aprender a leer y escribir.
Antes de poner fin a este avance al artículo completo, voy a plantear la siguiente pregunta: ¿crees que no hay ningún motivo en especial por el cual no hay mujeres en esta novela, a pesar de haber sido escrita por una?
Aquí encontrarás el ensayo completo: Frankenstein o el moderno Prometeo: entre lo divino y lo mundano II