¿Cuantas veces has querido o al menos te has imaginado hacer algo diferente de lo que haces a diario? ¿Estoy haciendo lo que realmente me gusta? ¿Esto es lo que el destino quiere para mi? ¿Y si estudio otra carrera? ¿Si me dedico a otro tipo de trabajo?
El destino existe pero también en su mayor parte es hecho por nosotros mismos, por nuestras decisiones, gustos e impulsos. Somos seres altamente vulnerables y es comprensible querer cambiar de trabajo o de profesión en un futuro. Nos ponen a elegir qué estudiar a los 16, 17 o 18 años, una edad donde las hormonas están desatadas y además somos poco maduros como para saber que hacer por el resto de nuestras vidas ya que estudiamos con ese fin, pero lamentablemente siempre nos falta ese impulso para arriesgarnos. Además caemos en algo terrible, la rutina.
La rutina nos hace sentir tan seguros, porque ya sabemos lo que ocurrió el día anterior, el mes pasado o incluso el año pasado. Sabemos que subiremos siempre las mismas escaleras, entraremos por la misma puerta, sabemos las mañas para abrir esa puerta, hasta el olor que hay cuando la atravesamos. La costumbre nos consume , nos hace sentir tan seguros que nos adaptamos fácil cada día y así pasan más rápido los días pero olvidamos el sentido de vivir.
Ahí es cuando llegamos a los 30 y pensamos ¿como ocurrió esto? En mi caso tengo 27 años y pienso que los años pasaron por mi. En un año, me case y me convertí en mamá. Tantas vivencias y experiencias en un solo año, ¿que pasó en los años anteriores? No recuerdo haberme arriesgado, haber viajado a un lugar super desconocido para mi o algo parecido.
Llegué a Coro, Estado Falcón, Venezuela a los 20 años con el fin de graduarme, ya que empecé a estudiar a los 17 turismo, luego fisioterapia, inglés, nutrición y finalmente decidí estudiar medicina veterinaria. Por eso dije anteriormente que ¿como nos hacen tomar esa difícil decisión y obligación de estudiar algo siendo tan jóvenes?
Amo mi carrera y ya estoy llegando mi meta de ser médico veterinario pero no siento que sea toda la felicidad que busco. En lo que me concierne, la felicidad se entrelaza, se une junto con más deseos, metas y en conjuntos logran la felicidad. Un simple título no es lo que me hará feliz.
Me hace feliz mi familia, mi esposo pero sobre todo mi hijo, porque aún me cuesta creer que lo formé en mi vientre y que vino de mí. Pero ahora veo lo equivocada que estaba al creer que al graduarme tendría la felicidad plena, y ¡no! Apenas es un poco de ella.
Quiero viajar, conocer mas personas, culturas, paisajes de esos que vemos en internet cuando buscamos lugares maravillosos del planeta tierra y sentir ése miedo, ésa adrenalina por estar en un lugar desconocido. Pienso que así me sentiré viva y sobre todo que estaría fuera de la rutina, de ésta costumbre que cansa, que consume y que también envejece.
Al final nos iremos y solo quedará lo vivido y los recuerdos en las personas que se quedan. Quiero que hoy mis palabras toquen a algunos para que salgan de su zona de confort, esa zona segura y hagan algo diferente al menos por un día y así sentir que se está viviendo y que vale la pena cambiar un poco.