Cuando al fin la noche me regala su silencio, oh que climax, puedo hacer el amor hasta con el cielo.
Puedo perderme entre una multitud, y aún así, alguien descubrir las letras que llevan mis ojos en la mirada.
Llevo tan solo mis jean rotos de andar vagando en un mundo que no entiende de profundidad, pues se ha quedado atrapado en la superficie, mientras nosotros escribimos en el más hondo abismo, donde tan solo pudiese percibirse gotas de cristal rompiéndose como cada noche se rompen nuestras almas solitarias.
Mientras escribimos, quizás para alguien o para nadie, sin un porqué ni para qué, son solo letras, historias, gritos, gemidos, trozos de ávidos sueños rotos, deseos nunca vividos, de todos aquellos como yo, sin nombre, sin firma, sin trayectoria, sin marca. Nos hace sentir vivos en medio de nuestra propia muerte.
En el más absoluto anonimato, en la más elegante indiferencia, habitamos, sigilosos, hambrientos y perdidos.
No buscamos un nombre, solo dejamos escritos, nada nos detiene tan solo la madrugada que aquieta quizás nuestros más terribles demonios.
Los escritores y poetas sin nombre, habitando la noche como murciélagos, algo oscuros pero de ojos brillantes, un tanto escandalosos cuando nos tropezamos con el miedo. Pero con alas para volar más alto que cualquier mano que nos pretenda tocar. No queremos ser tocados, somos quienes queremos tocar, pero de una manera que es difícil entender.
Cuando escribimos no tenemos rostro, solo hay sentires, y de vez en cuando una sonrisa infantil a pesar de tanta crudeza.
La poesía, aforismos, versos o escritos sin reglas ni rimas, si vienen de algo real, traspasan fronteras, sin embargo, siempre estamos detenidos en el tiempo creando cuando nos visita la musa, ella llega y desaparece a su antojo, pero es quien determina el motivo, si ha sido el de otros tantos, se crea una comunión y se establece una conexión inmediata.
Somos olvidados en cajones llenos de hojas en blanco, esperando ser llenadas para salir a la luz, y en medio de tantas letras, todos aquellos escritores sin nombres, terminamos colocando nuestras obras en botellas bien selladas que lanzamos al mar, siempre habrá alguien que las hallará y quizás le sea útil lo allí escrito, que sin duda alguna fueron hechas con lágrimas, risas, ilusiones, desvelos, tormentos, pasiones, despedidas, o simplemente disparates pero que tienen su valor, y el océano lo sabe.
Me despido, la madrugada me llama, se enciende un fuego que me quema hasta los huesos y es allí cuando recuerdo, que una fractura se endereza y sana con un yeso, pero las del alma no tienen manera de hacerlo, tan solo cuando sus partes rotas o heridas las expresan en letras, permitiendo que cada una de ellas las ayude a sanar.
El desvelo tiene algo mágico, las letras un aliciente, y lo que yace escrito una caricia o sutura que aún pretende su belleza mostrar.
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Gracias por el tiempo que le dedicaste a leer este post
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Bendiciones para todos.