Ella yace al fin en su habitación, después de un largo y aparatoso viaje decide recostarse un poco, ordenar sus emociones e ideas. Toma su diario y en medio de un silencio casi perpetuo, sus pensamientos salen a la luz que se consume sobre el papel.
Querido diario:
Querido diario:
He llegado a mi destino, aún no conozco nada, aún mis ojos están tan hinchados de llorar que no deseo ver a nadie ni siquiera al sol.
Tengo que decirte lo que siento, tengo que permitirme ser humana. No soy nadie a quien esperan leer, estoy aquí tan sola contigo y conmigo, en esta noche cálida, con una extraña brisa que hace sonar los cristales de las ventanas y me ha permitido ver que las cortinas son hermosas, de ese color perla que tanto me gusta y que me recuerda a esos vestidos de novia soñados que sobre salen más que el blanco.
No me encuentro bien y no te gustará lo que compartiré contigo.
Mi espíritu está en bancarrota, no me queda nada aquí dentro, no queda nada de lo que fui.
Me he quedado en cero, no tengo ya nada que ofrecer, no sé a dónde fueron a parar las riquezas de mi alma, de todo lo que pensaba, soñaba y hasta sentí. Esa certeza que te deja entumecido los huesos, un frío helado, de que nada está firme para sostenerme, si acaso alguna vez creí en esa fortaleza, son como paredes ahora tan blandas como gelatina.
La bancarrrota es inminente y no sé aún cómo comenzar de cero.
Cómo reunir lo que poseía mi espíritu. Estoy vacía, estoy cerrada hasta nuevo aviso.
Los soles que proyectaba se han ocultado en un firmamento desconocido
y todo mi pasado se ha convertido en arena pero siguen allí mis huellas,
aspiro que llegue un inesperado viento y las borre porque no quiero verlas.
No estoy distraída, no estoy en el pasado, no estoy en el futuro, más en este presente no soy yo. Ya no puedo volar, no existen lugares que yo pueda alcanzar a través del movimiento de mis frágiles alas, mi vuelo, que se ha vuelto torpe e inseguro me hace ver que ya no tengo donde anidar. Infértil es mi destino como una tierra árida que ansía calmar su sed, esperando el milagro del agua. Tan sólo léeme, solo siénteme y quizás solo así lo entenderás. No me juzgues, no me sentencies, quédate así en silencio como mi fiel testigo.
No existen quereres que me esperen con los brazos abiertos, ni rosas que hayan sido compradas a mi nombre. Ni vendrán lluvias que debajo de ellas mis piernas quieran danzar mientras empapan mi cabello. Puede estar un oasis a mi alrededor pero yo no alcanzaría a distinguirlo. Mi dolor tan solo es mio y es lo único que me pertenece y yo, no soy de nada ni a nadie pretendo pertenecer. Te das cuenta que lo que parecía ser siempre para toda la vida, hoy tan sólo se resume en un instante.
Nadie me espera, ni yo tengo nada que decir ni a quien mirar de frente.
Me mantuve demasiado cuerda para poder escribir los despojos que me quedan en plena consciencia hasta que ya no pueda escribir. Eres lo único que puedo tocar y hacerte mio.
Quiero permanecer en el olvido hasta que tenga la fuerza para reinventarme otra vez.
No quiero ser, ni recuperar memorias.
Cierro mis ojos, aparecen imágenes borrosas que me sumergen en sensaciones plácidas y por ese preciado momento, me hacen sentir viva. Que se queden un ratico más, porque mi tiempo ya, se ha consumido.
Estoy cansada, mis ojos se cierran y las manos me tiemblan mientras te escribo. Quedarme dormida será un alivio y cada noche como la que está próxima a llegar, me aferro a la esperanza de que al cerrar mis ojos y al fin al quedarme dormida, ya no tenga que volver a despertar.
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