Sería como observar tu hogar que se va deteriorando y prefieras irte a otra parte porque no te gusta lo que ves cada día que te levantas, y hubieses olvidado cuanto te costó ponerlo bonito y habitable. Porque...
Cada rincón tiene algo que perteneció a tus hijos, quedan cosas de ellos en tu nido vacío que le siguen dando vida y los colores de las paredes las pintaste con mucho esmero y esfuerzo. Los sencillos pero bonitos muebles fueron escogidos y comprados con mucho sacrificio. Conserva el aroma de tus ricas comidas y el olor de todas las mascotas que pasaron por él. Y ese definitivamente es tu hogar. Irte de allí, sería como desenterrar las raíces del árbol de tu vida.
No me quiero ir de mi país, porque su gente sin saber mi nombre me saluda y me trata como si me conociera, cuando salgo a comprar algo, puedo hablar con cualquiera y es como si nos hubiésemos hecho amigos desde la infancia. Porque el venezolano siempre se ríe de sus tragedias y le gusta entablar contigo cualquier trivial conversación que en ningún otro país me ha sucedido.
No me quiero ir de mi país porque amo su comida, sus tradiciones y sobre todo su gente. Porque no quiero dejar de llamar "pana" a los amigos, "rumba" a lo que se le dice fiesta, "estoy pelando" cuando no tengo dinero, "como vaya viniendo vamos viendo" cuando estás en medio de la incertidumbre y es mejor que todo fluya, "vamos a tomar unas birras" que es lo mismo que decir vamos a tomarnos unas cervezas, "si eres pendejo"como una forma de decirte eres gafo, y cuando ves a alguien atractivo decir "está bueno (a)" y tantas formas de hablar que nos llaman los del acento cantaíto. Porque el venezolano siempre ha tenido un lenguaje muy particular que lo hace único.
No me quiero ir de mi país aunque esté en dictadura, donde sea que fuese, la cárcel o la libertad la traes contigo, tú haces de tu entorno un cielo o un infierno, aún en su más cruel crisis, sigue siendo tu hogar que te necesita para no caer en el abandono y el olvido.
No me quiero ir de mi país, porque cuando atravesamos la etapa de las más fuertes y sostenidas protestas en las calles, tanta juventud luchando, tantas vidas que se perdieron tratando de recuperar lo que si nos pertenece, todos nos ayudábamos para resguardar nuestras vidas. Compartir el miedo y a la vez la valentía, socorrer a los caídos, sentir que un día auxilias a alguien y otro día puedes ser tú quien necesite ayuda. La solidaridad y empatía día tras día brotar en cada uno de nosotros. Momentos que nunca borraré de mi memoria.
Momento en que socorríamos a un chico asfixiado por las bombas lacrimógenas.
Fotografía personal del autor
Me niego a olvidar que me hizo ser lo que soy y me dio una identidad y nacionalidad el cual llevo con orgullo. Me niego a empezar de cero en otros rumbos y cielos, cuando yo ya estoy en la mitad del camino y nada fácil me ha sido llegar hasta aquí, para bien o para mal, esta es mi tierra donde nací y aquí quiero morir.
No me quiero ir de mi país porque cuando nací él me recibió con sus brazos abiertos, me obsequió sus paisajes, su folclor, su cultura y una excelente educación. Mis mejores amigos desde la infancia, todos los colegios donde estudié me los disfruté en grande sobre todo en mi adolescencia. Sus extraordinarios médicos, donde nació mi hija, mis padres, mis hermanos, mi familia y toda mi gente que no cambio por nadie.
Venezuela está enferma y yo quiero estar aquí ayudar a curarla, yo necesito con fervor verla sanar y eso tiene que ser con mis propios ojos, no contado por otros. Quiero ser testigo con mi presencia cuando ella logre de nuevo su libertad.
Los que se han ido la llevan dentro como el amor de su vida y los que seguimos aquí, la lloramos, la consolamos, la retamos cada día, le retribuimos en la medida de nuestras posibilidades lo que ella tanto nos ha dado y sola no la pienso dejar. Ella nos necesita y me niego a verla morir porque una tierra que sigue fértil sus frutos ha de seguir brindando, no voy a representar su desierto sino su esperanza. A ella la deseo renacida, bella, alegre, fuerte a pesar de tanto golpe que ha llevado y el día que me toque irme pero de este plano en sus mares que tanto amo, mis cenizas quiero esparcir.
Aún así también entiendo los que han tomado otros rumbos llevando a cuestas su tierra sobre sus hombros quebrados, pero con una maleta que aunque repleta de sus cosas más valiosas en sus limitados espacios, puede meter en ella la intangible fe y esperanza, porque a donde quiera que llegue, llevará a Venezuela en sus entrañas.
Yo no quiero que Venezuela se vaya de mi, ni yo quiero irme de ella. Quisiera no despedir más amigos, familiares y vecinos, dejando sola mi tierra. Sueño todos los días con ver a mi Venezuela nuevamente completa.
Vete yendo de modo, que me parezca viniendo.
Y no me grites adiós, ni digas hasta la vuelta.
Vete marchando de espaldas, para creer que regresas."