borra todas mis memorias, arráncame los recuerdos,
déjame sin historia, esa que nunca debió ser escrita,
mucho menos leída, entre penumbras y sobras.
que es más triste que un perro ciego en medio de la noche,
donde los susurros del silencio se asoman por las ventanas,
de todo aquel que nunca duerme, siempre llora y todo calla.
que no hay motivos para ella,
cuando los ecos de un niño llorando
que no merece la miseria,
atraviesan mis oídos
como un pestañeo incesante
entre los ojos y sus párpados.
lo que imploro negociar contigo,
que se vayan las tristezas,
aunque me dejes sin motivos para las risas.
que nada tiene que contar,
suficiente con su rostro que tiene mucho que expresar,
que hasta un loco vagando por las calles lo podría descifrar.
mis dolencias me han dejado la mente en blanco
y las manos quebradas,
ya ni siquiera deseo sostener el lápiz
donde plasmar en letras,
vivencias que aún mereciendo ser escritas y contadas,
serían leídas y compartidas por los que aún no han nacido,
que irónica es la vida misma!
de todo lo que he visto y dejado de ver,
escojo las noches para entregarme a los recuerdos,
para que ese mañana que aunque llega muy tarde, llega,
me recibiera con el saludo del olvido,
que a veces duele más lo vivido que lo que nunca viviré.
es como ser niño e irte a la cama con sueño,
donde manos cálidas le arropan,
y amanecer desnudo en medio de un implacable invierno,
te quedas sin palabras, no se puede contar lo que aún no termina.
pero nadie quiere quedarse
en el medio de la nada,
ni morirse de sed, porque la incertidumbre corta
porque es filosa y cruel.
o ánclame en un lugar remoto del mar,
nada más sereno y apacible que el sonido del agua,
una inusual utopía perderse en su profundidad.
y si todo pierde sentido de ¿qué sirven los recuerdos?
Se me cierran los ojos, estoy cansada, concédeme lo que te pido,
sin reproches, ni inútiles palabras,
permíteme reconciliarme con lo que no perdono,
entregándome a una infinita paz antes de que llegue el alba.
Bendiciones para todos.