Venezuela le expresa y canta al emigrante:
Entiendo que te has ido,
no puedo culparte,
soy la madre tierra que te parió,
la de las garzas y las rosas y del sol
que te forjó los sueños, futuros concretos
niñez, adolescencia y adultez de ti presencié
en cada etapa me abrazabas, en mi confiabas
tenía toda la abundancia, las riquezas y mis más
increíbles paisajes obsequiados a ti.
Toda playa fue tuya, mi comida,
mi folklore, mis inigualables costumbres,
mis amaneceres, mis ocasos en el Yaque,
mi más hermoso cielo
visto desde la Bahía de Cata,
mi imponente Gran Sabana,
y hasta mis calles más humildes
donde dejaste tus verdaderas amistades, por eso,
como madre te lloro, pero sé que tengo que esperar.
Y de la manera mas anhelante siempre sueño,
con volverte a ver, con sentirte regresar,
soñarte como tú me sueñas,
y anhelarte como tú me anhelas,
perderme en tus ojos bellos que brillan,
no verlos llenos de lágrimas
por eso debo esperar,
para volverte a ver una vez más.
Ahora estoy quebrada
y por eso entiendo con profundo desvelo
que ya no estás,
con inquietante deseo que si regresas,
me encuentres bien,
porque en este momento aunque sienta
que ya no me quieres,
que conmigo ya no puedes,
tengo el derecho a creer
que mi tierra volverás a pisar,
y sucederá cuando ambos estemos listos,
será como un nuevo despertar.
Recorre hijo mío, nuevos mundos,
muestra lo mejor que te enseñé,
déjame bien representada en cada
sílaba que pronuncies,
en cada trabajo que tomes,
nómbrame de vez en cuando y
lleva en alto todo lo que te di.
Si es posible conoce afuera
todo lo que puedas,
a donde sea que vayas,
para que nunca te olvides de mi,
de mis paisajes, de mis playas
de mis caminos,
de mis llanos, de mis montañas,
del Salto Ángel,
de tu Caracas, de tus Andes,
de tu llanura, de tu Ávila
de mi envidiable clima
del Pico del Águila
y nuestra manera de ser
bendita idiosincrasia.
Siempre llenos de alegría y de sabor
y de esa belleza que me caracteriza,
que llevas en tus venas,
sangre de mi sangre,
que ningún país poseerá igual,
soy el corazón de latino-américa
y morir nunca me verás.
Pero cuando las noches caen
cuando me descubro tan rota,
tan golpeada,
recuerdo que de la destrucción
se reconstruye hasta un palacio
dejando intacta su belleza,
por eso, volviendo a ser bella
sigo anhelante en este entorno errante
la esperanza de volverte a ver
aunque sea, un instante...
Bendiciones para todos.