Eres culpable, aunque no mientas.
Eres culpable de mi preocupación, aunque conquistas el mundo, no quiero perderte.
Eres culpable de mi silencio, aunque la mejor opción es mirar tus ojos que opaca el sol.
Eres culpable de mis lágrimas, aunque brillan de felicidad.
Eres culpable de dolor en mi alma, aunque no fue decepción, todo lo contrario.
Eres culpable de miedo, aunque desapareció cuando te sentí.
Eres culpable de mi amor, aunque al besarte encendió toda llama existente en mi alma.
Eres culpable de mis sonrisas, aunque mis labios quieren besarte.
Eres culpable de mi esperanza, aunque es nuestra cobija de planes.
Si, eres culpable de lo que me haces sentir, la pena de vida eterna debería de existir en ausencia de amor entre dos cuerpos que se unen para fomentarlo.