Les cuesta mucho sonreír,
cuando sonreír es gratis.
Usan máscaras o antifaces,
poseyendo rostros tan perfectos.
Nunca se han visto en un espejo,
no conocen su reflejo,
no saben cómo son,
se desconocen.
Imitadores extraordinarios,
de personas ejemplares y,
aunque intenten evitarlo,
transmiten ese terrible esfuerzo
que hacen para sonreír.
Son muy buenos actores,
podrían pagarle por sonreír,
como si la felicidad se comprara,
como si el dinero,
fuera sinónimo de felicidad.
En cada alza del telón,
habrán nuevas batallas,
nuevos personajes.
Unos protagonizarán varias escenas,
otros serán personajes de relleno,
algunos ya no estarán en el libreto,
pero continuarán las obras,
una tras otra,
constantes,
como los latidos del corazón.
A veces la vida es un teatro,
es arte: escénico.
Es ofrecerle al espectador,
tu mejor actuación.