Navegando en los recónditos lugares de mi mente, observo cientos de emociones que no logro controlar, me quedo entumecido al ver cuán rápido viajan, y aunque sé que dichas emociones me pertenecen, me siento como un completo extraño hacia ellas.
Soy como un forastero invadiendo la privacidad de mi mente, al sentir la fuerza con que se avecinan mis recuerdos, me siento sumamente indefenso, pero a la par, me doy cuenta que mi conciencia forma parte de mi equipo, y todo cambia; ahora poseo las armas necesarias para luchar contra ellos, el miedo se esfuma, mi fuerza regresa. En esa pequeña fracción de segundos en la que tomo conciencia y desvío mi atención de estos recuerdos que actúan como mis enemigos; logran atacarme y herirme, sin embargo, las cicatrices y el dolor no serán suficientes para detenerme.
Decidí luchar y empuñé mis armas; dos sables de luz forjados de energía.
En varios movimientos fulgurantes, destrocé a mis oponentes, guardé mis armas y aunque me sobraba energía, me senté a contemplar la tranquilidad que ahora llenaba mi cuerpo. Había retomado el control de aquel espacio que, a pesar de ser una parte de mí, era posible perderlo si no lo saneaba y dejaba que todas estas imágenes atroces cobraran vida y se hicieran más fuertes que yo.
"Como pienses vibrarás, y como vibres atraerás".
Debemos sacar la basura de nuestra mente, aprender a controlar nuestras emociones, para lograr la evolución de nuestro propio carácter. Los pensamientos débiles y confusos solo causan vibraciones palpitantes que van y vienen sin tener una forma definida. Una estructura de pensamiento debe ser clara, muy vitalizada y lo bastante fuerte para producir.