Hoy el pueblo entero esta de fiesta. Hoy se casa la hija del hombre más poderoso del lugar. Todo es caos y ajetreo, los pasteleros no se dan a basto en la creación de los postres y el pastel para la boda. Las floristas llevaron todas las flores blancas que tenían para adornar el altar y el buqué de la novia. Los invitados se han esforzado para presentarse con sus mejores galas. Incluso la chusma empobrecida por los impuestos tendrá su parte en la ceremonia.
El pueblo entero esta de fiesta. Bueno, no. En su alcoba en lo más alto del castillo, la novia se mira al espejo. Los ojos enrojecidos de tanto llorar. Pálida como una estatua de mármol. No ha querido comer desde que se enteró.
El pueblo está de fiesta, la novia está de luto.
La aurora triste la despierta, la primera nunca volverá para ella. Y Aurora, la joven condenada, es obligada a ponerse el velo y el vestido, a descender fuera del castillo paterno e ir a la iglesia en la carroza preparada especialmente para ella.
El pueblo está de fiesta, el novio sonríe y su sonrisa parece más una mueca. El novio tiene el doble de edad de la novia. Y está feliz de poder ser parte de la familia más poderosa. Tendrá honor, tendrá prestigio, pero seguirá siendo el más tirano de los truhanes. ¿Qué destino puede aguardar con un hombre así a un ser tan noble como Aurora?
El pueblo está de fiesta. En la distancia, en una playa desierta, un barco oscuro se acerca. Saben que hay una boda, saben que hay caos, ajetreo, joyas, dinero y comida. Se preparan para dar el golpe. Una vez aparejado el barco en el puerto natural, el capitán da las ordenes y el plan se sigue al pie de la letra.
El pueblo está de fiesta, mientras los bandidos saquean las tiendas y las casas desiertas, la ceremonia en la gran iglesia sigue su curso. El sacerdote está listo. El padre y el novio intercambian miradas cómplices. Al padre le importa más el poder militar de su futuro yerno que la felicidad de su hija. La novia, fuera de la iglesia, intenta escapar. Apenas sale de la carroza, empuja al cochero y corre tan rápido como su pesado vestido se lo permite. Al doblar la esquina, se detiene en seco: El capitán de los piratas, sobre un negro corcel — robado — le cierra el paso. En cuanto ve a los vasallos, huye sin dudarlo. Pero es demasiado tarde. Su rostro se le ha quedado grabado en el corazón. Desde su escondite ve a la pobre chica, siendo impíamente arrastrada hacia su condena. Se la llevan a la iglesia.
Derrotada, arrastrando los pies, mirando al suelo, se dirige hacia el altar. El sacerdote, impasible, empieza su sermón. Aurora no puede evitar llorar. Es evidente para todos que aunque el pueblo esté de fiesta, la novia está de luto. Todos los invitados de pronto se apenan. Esto ya no es una fiesta. Todos sienten el duelo de Aurora. Incluso el sacerdote olvida su guión. No puede detener el trabajo encomendado.
El novio está exasperado. El padre siente ira y vergüenza. Para ellos, solo es una cría malcriada.
Solo la chusma no se calla. La gente del pueblo, la gente empobrecida, sabe lo que es la opresión. Protestan, gritan e insultan. Las jóvenes de la edad de Aurora lloran su suerte.
¿Aceptas tomar al duque Bringsman por esposo?
Solo el llanto responde. Solo la cabeza que se sacude gritando ¡No! en silencio.
Pero las hijas son propiedad del padre. Las hijas deben hacer lo que les encomienda el padre. Asi que el padre contesta por la hija, y las mujeres lloran en silencio, los hombres bajan la mirada, la chusma protesta y busca que objetos lanzar.
Quien tenga una razón para impedir esta boda, que hable ahora o calle para siempre.
Silencio.
Excepto por la chusma.
Y de pronto...
Un disparo ensordecedor en la iglesia, el novio cae muerto ante la cruz. Los vitrales se rompen y los piratas entran con sogas provocando el pánico y el caos. Los nobles sacan sus espadas y las mujeres huyen por la puerta trasera de la iglesia. Ella le reconoce. Es el tipo del corcel. Su padre intenta llevársela, pero ella se resiste. Mientras sus compinches distraen a todo el mundo y la chusma se divierte con el espectáculo, el capitán de los piratas busca a la novia. Pero debe pelear contra el padre. Nada más fácil que vencer a un viejo gordo y tiránico. Y mientras deja inconsciente al viejo, Aurora corre fuera de la iglesia, hacia su libertad.
Los piratas huyen, tan pronto como llegaron, y el capitán busca a la novia, atrapada por el cochero, que no la deja en paz. Pero el viejo también sucumbe ante la fuerza del joven capitán, y la novia es llevada en vilo sobre el corcel hacia el barco.
En la orilla, los piratas están listos para zarpar. Solo falta el capitán. En cuanto le ven aparecer con Aurora y lanzarse a toda velocidad — con caballo y todo — Hacia el mar, sueltan amarras para evitar que los guardias alcancen a la tripulación entera. Pero el corcel es fuerte. Y nada rápido. Los piratas lanzan un salvavidas y minutos después llegan los guardias y los esbirros del padre.
Intentan disparar pero los piratas se defienden. Hombre, mujer y caballo son izados a cubierta, y el barco negro, el más veloz de todos, desaparece en el horizonte.
Aurora va hacia la aurora. Ella sabe quién es este hombre. Le conoció en el pasado. No eran piratas, como le contaron. Eran caballeros, luchando por la justicia, viviendo en un barco, en el mar. El único lugar donde se respira libertad.
FIN.