Esta fotografía la tome hace aproximadamente un mes, durante el lanzamiento de globos de los más pequeños de la casa. Estos globos contenían su respectiva carta para que San Nicolás y el Niño Jesús les trajera su regalo de navidad.
Mas allá de los globos, poder ver y capturar sus caras fue increíble, transmitían una satisfacción única. Ellos estaban viendo el mundo como realmente es, con una capacidad real de asombro y confianza sorprendente y es que estos días su credulidad es tan real que se contagia rápidamente. Yo realmente admiro su capacidad de creer, de confiar en los demás y pensar que solo basta con desearlo para conseguirlo. Viviendo sin importar el mañana y sin recordar el pasado. Ellos representan la pureza de lo que alguna vez todos fuimos, y uno de los rasgos más especiales se da porque tienen algo que la mayoría de nosotros no recordamos tener, la inocencia.
Vivamos como un niño, pero con las sabidurías de un adulto.