El último tango en París es una obra cinematográfica estrenada en el año 1972 y que se convirtió desde el primer momento, en una marca representativa del maltrato a la mujer tanto en la historia que plasma como en la vida real debido a los hechos que envolvieron a los protagonistas y el director de la obra, Bernardo Bertolucci, durante su grabación.
Es una película de contenido erótico, con escenas sexuales subidas de tono y que involucran incluso una violación, lo que nos lleva al gran escándalo que marcó a esta película, ya que precisamente existe una escena donde el protagonista de la historia, un hombre de edad avanzada (Marlon Brando) viola a su joven amante (interpretada por la actriz primeriza para esa época, María Schneider) de forma anal usando como lubricante un poco de mantequilla.
Esta parte de la película no estaba detallada en el libreto, y años después, durante una entrevista, la actriz protagónica confesó que se sintió abusada, ya que “no pueden obligar a nadie a hacer algo que no está explicado en el guion”, pero para esa época ella era muy joven, principiante, y no lo sabía. Recalcó que al hacer esta escena, verdaderamente sintió que fue violada y humillada.
El largometraje está cargado no solo de contenido sexual, sino de violencia verbal, física y psicológica, donde se plantea la manipulación intencional de un hombre mayor y experimentado sobre una joven indefensa e ingenua.
En sí, la obra, que es una gran representación tanto a nivel de producción, como actoral, tal vez no habría logrado dejar una marca tan grande en la historia si no hubiese llevado consigo el peso de las declaraciones de la actriz donde se exponen los problemas que hubo detrás de cámara, que le dan una neblina de polémica que ha dejado marcada para siempre no solo a la pieza, sino al propio Bertolucci.