¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, a saber: un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose en un pequeño e insignificante planeta? ¿O es lo que le parece a Hamlet?…
Bertrand Russell
Como humanos viviendo en los tiempos de la información y de la desinformación, en los cuales somos capaces de acceder a todo tipo de “conocimiento” a la velocidad de un click, quizá no huelgue reacercarnos a una disciplina que por su antigüedad a veces queda olvidada, que por su aparente “complejidad” suele ser evadida, quedando muy por detrás de otras actividades consideradas más prácticas en esta sociedad en constante y rápido movimiento… La filosofía.
El pensador, Auguste Rodin. Foto por Johnnie Shannon. Fuente
En un tiempo en el cual una de las mentes más brillantes de este siglo y del pasado, Stephen Hawking, anunció que la filosofía había muerto (Conferencia anual Google Zeitgeist 2011), intentaré demostrarles que sigue viva y hablarles un poco sobre su valor.
¿Qué es la filosofía?
Difícil pregunta… En el sentido más literal de la palabra, que a la vez es dónde radica también su más pura esencia, significa amor por la sabiduría. Por otro lado, el Dr. Dave Ward (2014), ante la complejidad de la misma, nos aconseja definirla de forma simple y nos brinda el siguiente concepto: “Es la actividad de desarrollar la mejor forma de pensar sobre las cosas”…
El filósofo norteamericano Bertrand Russell (1946) la consideraba como un área entre la teología y la ciencia; una tierra de nadie en dónde las aguas no son tranquilas, en donde las olas arremeten desde ambos extremos: “Como la teología consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia, apela más a la razón humana que a una autoridad”.
De lo anterior se desprende que la filosofía intenta, a través del uso de la razón, especular sobre esos temas que la ciencia aún no ha podido responder. En preguntar por qué y luego, una vez alcanzada una respuesta, nuevamente por qué. Como los niños, quienes difíciles de convencer (y desesperantes en ocasiones), portadores de una curiosidad innata, suelen abordarnos con una retahíla cuasiinfinita de por qués.
Biblioteca de la Trinity College. Foto por Giammarco Boscaro, Unsplash. Fuente
La siguiente serie de preguntas puede que ayuden a ilustrar mejor la clase de temas que aborda la filosofía y el porqué de su importancia, aun en estos tiempos en los que la ciencia nos entrega cada vez más y más respuestas.
¿Tiene la vida un sentido? ¿O es tarea del hombre dárselo?
¿Qué es la realidad? ¿Podemos conocerla? ¿Quién tenía razón en el memorable diálogo de la novela Rayuela, Ronald u Oliveira?:
—Sin palabra alguna yo siento, yo sé que estoy aquí —insistió Ronald—. A eso le llamó la realidad. Aunque no sea más que eso.
—Perfecto —dijo Oliveira—. Sólo que esta realidad no es ninguna garantía para vos o para nadie [...] El solo hecho de que vos estés a mi izquierda y yo a tu derecha hace de la realidad por lo menos dos realidades, y conste que no quiero ir a lo profundo y señalarte que vos y yo somos dos entes absolutamente incomunicados entre sí salvo por medio de los sentidos y la palabra, cosas de las que hay que desconfiar si uno es serio.
¿Es el libre albedrío real? ¿O es solo una ilusión obstinadamente persistente?
Estas interrogantes, se encuentran en esa tierra de nadie que se mencionó antes, subordinarnos a los conocimientos “definitivos” que actualmente puede brindar la ciencia, significaría abandonar este tipo de especulaciones; la filosofía por otro lado, aunque incapaz de responderlas, es la encargada de su estudio.
El valor de la filosofía en la vida
Como hemos podido apreciar hasta ahora, el valor de la filosofía radica en ese continuo no dar por sentado las cosas, en la formulación de repetidos por qués, en el cuestionamiento de las creencias habituales… Así, el humano, en el proceso de amar el conocimiento, adquiere conciencia de su situación y de sus limitaciones, va librándose de esa prisión que pueden ser las condiciones accidentales de su educación, los prejuicios propios de su tiempo, de su ubicación geográfica, del sentido común, de la costumbre, etc.
Leed con ahínco a los antiguos, los verdaderos, los auténticos antiguos (Schlegel [1802]). Foto por Annie Spratt, Unsplash. Fuente
Filosofar es dar un paso atrás y preguntar ¿es esta la forma correcta de pensar? Por ejemplo, al observar el pasado, notamos cómo formas de pensar antiguamente aceptadas, hoy día se presentan como inaceptables: esclavitud, torturas públicas, discriminación racial, de género, etc. Cuando se mira hacia atrás es fácil identificar esos pensamientos y acciones que hoy día resultan indefendibles; sin embargo, ¿cuántos de nuestros actuales modos de pensar y actuar no resultarán igualmente descabellados para las generaciones futuras? La filosofía se encarga de este estudio, y allí radica su valor y su vigencia.
No se equivocaba el gran don Quijote de la Mancha en su maravillosa sentencia, cuando conversando con Sancho Panza le dijo:
"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho".
Leamos, andemos y filosofemos.
Referencias:
- Bertrand Russell (1946). Historia de la filosofía occidental.
- Betrand Russell (1912). Los problemas de la filosofía.
- Dave Ward (2014). Introducción a la filosofía, Universidad de Edinburgo {EN LÍNEA} Disponible en: https://www.coursera.org/learn/philosophy