El peligro nuclear
El seis (06) de Agosto de 1.945 el mundo, tal como se conocía hasta entonces, cambió para siempre. Ese día estalló sobre la ciudad de Hiroshima, Japón, la primera bomba nuclear de la historia y el peligro de un apocalipsis se volvió realidad. Tres días más tarde fue Nagasaki, la ciudad japonesa elegida como objetivo.
Las consecuencias que han tenido a los historiadores discutiendo durante años han sido: disuadir a los Soviéticos con el fin de obligarlos a desistir el invadir al Japón (ya que el día 08 de Agosto estos habían declarado la guerra a los nipones) y el forzar a la rendición japonesa (a pesar que las principales ciudades del país se encontraban devastadas por los bombardeos aliados). El asunto es que, dos años después, en 1.947, la idea de un reloj que marcara la hora del fin de la raza humana, fue concebida por una de las esposas de los científicos encargados del proyecto «Manhattan» (nombre militar, en clave, dado al plan para la elaboración de la primera arma nuclear).
El «Doomsday Clock» o reloj del apocalipsis es un recordatorio permanente de lo frágil que somos como especie, de lo fácil que resulta ser borrados de la faz de la tierra por la rabieta de algún político enajenado y, peor aún, de hacer inhabitable el planeta azul convirtiéndonos en los únicos seres capaces de ello.
El 25 de Enero de 2.018 el grupo de científicos responsables del reloj, colocaron las manecillas a solo dos minutos del fin del mundo. Y aunque fue noticia mundial me pregunto: ¿somos conscientes de la cercanía de una hecatombe planetaria? La respuesta a esta pregunta me temo que es negativa.
Nada más hay que observar el «nuevo orden mundial» para darse cuenta del aumento de nacionalismos enfermizos, del movimiento migratorio por falta de oportunidades de los pobladores del sur hacia el norte del planeta, la depredación de recursos naturales a pesar de la conciencia ambiental y un sinfín de problemas que ponen presión a un mundo que ya no puede seguir siendo indiferente.
Paradójicamente, el tiempo pasa y el reloj se acerca a su fin, a pesar de que Naciones Unidas tiene un tratado firmado por unanimidad sobre prohibición de los ensayos nucleares y países como Corea del Norte que insisten en continuar haciendo pruebas nucleares con el argumento del derecho a la defensa.
Haber vivido la adolescencia en tiempos de la llamada «guerra fría» me dió la perspectiva necesaria para afirmar que no se sentía el «fin del mundo» tan cerca como hoy día. Reconozco que eran tiempos en los que no había tanta inmediatez en la noticia. El muro de Berlín cayó en 1.989 y todos lo vimos por televisión, incrédulos, pasmados, creíamos que la amenaza de la extinción se volvía algo lejano.
La «World Wide Web» apenas estaba convirtiéndose en una experiencia nueva abierta al público en general por DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency); A partir de ARPANET (primera red de computadoras conectadas) la conexión iba por vía telefónica en modems super lentos y jamás, en ese entonces, imaginábamos que lo inmediato se convertiría en una carrera periodística por destacar en un mundo «hiperconectado» y donde los seres humanos serían accidentales periodistas de la noticia.
La prueba más cercana a la falta de preocupación por este tema, la he obtenido entrevistando a la generación nacida en la última década del siglo pasado. Cuando decidí crear conciencia sobre el peligro nuclear al escribir para , la primera pregunta que les hacía era ¿Qué piensas sobre las armas nucleares? Invariablemente, recibí respuestas muy cercanas a: «pueden acabar con La Tierra» luego, continuaba ¿Qué piensas sobre los ensayos nucleares? y, de nuevo, las respuestas que recogí fueron parecidas a: «están causando daño medio-ambiental», por último y no menos importante, pregunté: ¿estamos cerca de una guerra nuclear? Y la mayoría respondió con frases tales como: «claro y la culpa sería de Corea del Norte» o «sí, porque los musulmanes quieren imponer la sharia».
¿Comprenden ahora la falta de información?
Naciones Unidas logró un acuerdo el día dos (02) de Diciembre de 2.009 sobre una resolución para crear un Día Internacional contra los Ensayos Nucleares (se celebra los 29 de Agosto de cada año) y en Octubre de 2.013 la Asamblea General declaró los 26 de Septiembre de cada año como el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares.
Creo que el problema sobre la falta de información en estos temas, deriva del uso incorrecto de los medios de comunicación y las redes sociales en asuntos menos preocupantes o más banales, si cabe el término.
El activismo antinuclear ha logrado atraer algo de atención pero no se puede decir que esté a la altura del activismo ambiental. Y es la gran paradoja en relación a las armas nucleares o los ensayos para obtenerlas: ¿Cuidamos nuestro planeta para que sea sostenible ambientalmente, pero no prestamos tanta atención al hecho de que un loco puede liquidar nuestro mundo apretando un simple botón?
Liberar al mundo de la amenaza atómica requiere crear un clima internacional de confianza, donde los países puedan arreglar sus diferencias de manera que el bien planetario se encuentre por encima de los intereses nacionales; pero es difícil crear este tipo de conciencia, ya que no le ha bastado al ser humano, haber presenciado la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, puesto que ha presenciado de manera impasible los más recientes desastres nucleares de Chernobyl o Fukushima.
La geopolítica moderna exige un compromiso mayor para evitar los ensayos nucleares y el uso de armas atómicas en los conflictos. Transcurridos 73 años desde que la última arma nuclear fue detonada en una guerra, la especie humana se encuentra en una difícil etapa de transición hacia la no proliferación, mientras, el reloj del apocalipsis se sigue acercando a la hora cero.
Y eso no es nada tranquilizador.
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