Definitivamente los seres que se reproducen de manera sexual, vienen de una madre y un padre. Visto desde la Biología, cada uno viene a aportar la mitad de la carga cromosómica que conforma ese nuevo individuo, por lo que uno complementa al otro; sin embargo, después de, solemos asociar el instinto parental sólo a la madre, ya que es quien después de nacer su cría, la va a cuidar durante la lactancia, mientras que el padre, es visto (en muchos casos) con menor compromiso, ya que muchas veces incluso, deja el nido.
Cuidar a la descendencia implica algo más de lo que hemos pensado,
pues para la Biología evolucionista se traduce en una estrategia conductual presente en ciertos animales,quienes hacen una inversión energética para incrementar la eficacia biológica de sus descendientes.
Este comportamiento involucra el esfuerzo de los padres, pues serán ellos los encargados de aportar a sus hijos la posibilidad de sobrevivir y reproducirse, todo con el objetivo mantener su huella genética en el tiempo. El cuidado parental ha sido observado en insectos como: hormigas, abejas o avispas; en algunos peces; en aves y fundamentalmente en mamíferos.
Cuidados Parentales: Un Vistazo Al Mundo Animal
En el caso de las especies no humanas, las condiciones pueden variar ampliamente. Mencionaremos algunos casos que nos mostrarán cómo el cuidado de la descendencia es una prioridad en la vida de ciertas plantas y animales:
· En insectos: algunas mariposas anticipan la alimentación de las larvas dejándoles en el capullo algunos animales muertos.
· Las plantas dejan en el fruto las sustancias nutritivas que protegerán su embrión hasta que este pueda hacerlo por sí solo.
· El caballito de mar “macho” se encarga de cuidar y alimentar a sus crías durante el embarazo.
· Las aves cuidan de sus polluelos hasta que pueden emprender el vuelo de una manera independiente
· El sapo partero macho, cuida sus crías cargándolas en sus patas posteriores hasta que pasen a su estado larval.
¿Cómo Entendemos el Cuidado Parental Desde La Selección Natural?
De acuerdo a la Teoría de la Selección natural de Darwin, el individuo más apto es aquel que mayormente se reproduce: en la hembra, esta función requiere un gasto energético bastante complejo, pues aparte de gestar el o los nuevos individuos en su vientre, después de su nacimiento, sobre todo en mamíferos, es la responsable de la alimentación (amamantamiento).
En la naturaleza, es la hembra quien selecciona al macho para aparearse, en la búsqueda de mejores genes, a esta acción se le llama selección sexual y es una de las metas de este proceso para garantizar el cuidado y la crianza de la progenie, como una forma de garantizar la supervivencia de los individuos y, en consecuencia, de la especie.
Son muy diferentes los estilos de crianza entre los diferentes grupos del Reino Animal, siendo en el caso de la humanidad, una vía de transferencia de conocimiento, valores y actitudes, que los padres fomentan como metas e ideales y que son el resultado de la experiencia filogenética, de las especies que nos antecedieron.
En este proceso, por lo general participan activamente los dos padres; sin embargo podremos también observar grandes diferencias entre mujeres y hombres, en cuanto a la forma de hacerlo. A diferencia de los padres, las madres invierten más tiempo, energías y recursos en el cuidado de los hijos, y es una constante que no sólo se evidencia en los seres humanos sino también en aquellas especies que comparten el cuidado de la progenie.
¿Qué Hacen Los Machos Entonces?
La Biología señala que el macho debe participar en el cuidado de las crías pues, de esta manera deja su huella genética en el planeta. Esto nos dice que, el abandono de su rol, tendría un alto costo evolutivo. La monogamia se muestra como una garantía de que esto ocurra, pues, si el macho tiene múltiples parejas, descuidará la prole.
Si bien es cierto, el gasto energético de los machos se ve más durante la copula, pues serán sus espermatozoides móviles los que encuentren al óvulo inmóvil, para realizar el proceso de fecundación. Desde ese momento comienza el gasto energético de la hembra.
En el hombre, la inversión energética, los recursos y el cuidado de los descendientes se asemeja a las otras especies, sin embargo, prevalecen otras variables culturales que van más allá de la herencia y genética.
La Paternidad Óptima
Al respecto Bradley y Corwyn (2004) nos dicen que la paternidad óptima contempla cinco labores fundamentales: seguridad o sustento, estimulación, soporte socioemocional, estructura y vigilancia. Estas, vienen a mostrarse como resultado de la larga evolución de la especie, y cuyo objetivo se ha ido configurando en torno a la supervivencia de los niños, pues estos nacen prematuros debido a una gestación prolongada, y su adaptación a las condiciones del medio que los rodea es más lenta.
¿Y Cuándo El Nido Se Queda Vacío?
Generalmente todas las especies preparan a sus crías para que dejen los nidos de crianza. Trabajan en sus cuidados hasta que pueden defenderse y casi siempre aquellas inician su nicho o función en el ecosistema y se reproducen sin necesitar la aprobación de sus padres y quizás, nunca se vuelvan a ver.
En los seres humanos, el apego es imperante, la marcha del hijo para iniciar su independencia se suele sentir como una pérdida que lleva agrupadas emociones de tristeza, desasosiego, ansiedad, soledad, miedo y dolor, similares a los sentimientos que se sienten cuando se inicia un proceso de duelo.
La Biología de La Vida Evita Ciertos Sufrimientos
La regla de la vida desde la Biología nos dice que ¡nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos! Y todas las especies animales y vegetales viven los mismos procesos.
Preparar hijos independientes para madurar y reproducirse (perpetuar su especie) debe ser tarea de padres emancipados y conscientes del papel que les fue otorgado. Sin embargo, la culturización y el apego por la presencia de los hijos, en el caso del hombre parece tomar otras vías y generar problemas emocionales, que pudieran abordarse desde la psicología evolutiva.
La invitación, desde la ciencia es ser guardianes de la vida, pues es el rol que nos fue otorgado por la evolución. Proteger la vida implica garantizar la existencialidad de nuestra carga genética, un compromiso de alto costo energético, cuyo sentido es netamente biológico.
La madurez de padres emancipados y conscientes de sus funciones, fortalecerá el crecimiento de hijos independientes, capaces de sobrevivir a las presiones selectivas que la sociedad y la naturaleza propiciarán en su cotidianidad.
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Referencias
Bradley, R. H. y Corwyn, R. F. (2004). "Familia Proceso "Inversiones que importan para el niño bienestar” Nueva Jersey: Lawrence