Imaginación, la hermana tonta
Un siglo antes de que el Apolo 11 llegara a la luna, Julio Verne (Francia, 1828-1905) publicó De la Tierra a la Luna (1865) y Alrededor de la Luna (1870); y en 1902, Georges Méliès daba a la luz su película de ciencia ficción Le Voyage dans la Lune (Viaje a la Luna). La imaginación estaba en el aire, demostrando, como siempre, que es una fuerza poderosa, capaz de mover los sueños y la voluntad de los hombres.
Más allá de su evidencia en la ficción, grandes hitos de la historia humana tienen su raíz en esta facultad, ejercida y concretada por los que ahora son sus protagonistas.
Desestimando su influencia, la imaginación, hija de psyche (alma), entra en el campo de la Filosofía como la hermana un poco tonta del logos (razón) y la aisthesis (sensibilidad). Es percibida por los filósofos de la antigua Grecia como una facultad bastante difusa y apenas mediadora entre la facultad del juicio y la percepción de los sentidos. Facultad bajo sospecha, por su trato con el mundo de las apariencias, lo ilusorio y engañoso.
Serán los hombres de la Edad Media, con su prolífica fantasía, quienes, entre caballeros andantes y unicornios, preocupaciones míticas y religiosas, y humor desinhibido, ganarán para la imaginación, en el campo de sus prácticas culturales, el lustre que le reconocemos hoy.
Sin la imaginación, no existiría la capacidad de re-presentar, y, sin esta, no sería posible la figuración de la memoria, ni de las relaciones entre objetos, seres y propiedades; en fin, no sería posible la inteligibilidad, ni ningún conocimiento.
Según José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, se entiende que:
… la imaginación es una facultad o, en general, una actividad mental distinta de la representación y de la memoria, aunque de alguna manera ligada a las dos: a la primera, porque la imaginación suele combinar elementos que, previamente, han sido representaciones sensibles; a la segunda, porque sin recordar tales representaciones, o las combinaciones establecidas entre ellas, no podría imaginarse nada. La imaginación es, en rigor, una representación, en el sentido etimológico de este vocablo, es decir, una nueva presentación de imágenes. Esta re-presentación es necesaria con el fin de facilitar diversos modos de ordenación de las "presentaciones", sin las re-presentaciones que hace posible la imaginación, no sería posible el conocimiento.
De la facultad de la imaginación surgen los sueños que alimentan la voluntad de emprender. Y es, por naturaleza, una fuerza creadora; pero también sustentadora.
La imaginación es facultad ejercida por los sentidos de la mente, es decir, la capacidad de nuestra mente de producir intrínsecamente información nueva a partir de la representación de estímulos que están ausentes (imágenes visuales), pero también de todas las proporcionadas por los órganos de los sentidos, e, incluso, aquellas correspondientes a la motricidad y a las emociones.
Podemos imaginar, así, sensaciones que no hemos experimentado a partir de aquellas que sí hemos experimentado, pero también ejecutar imaginariamente acciones que nunca hemos realizado y evocar sentimientos que no hemos vivido antes. Podemos conducir una nave espacial, respirar los olores de un planeta lejano, evocar la caricia en el lomo de un grifo. Los seres humanos podemos, la imaginación nos faculta para ello, como lo hizo William Gibson en su relato “Johnny Mnemonic”, inventar el ciberespacio.
Podemos imaginarnos… y de ahí surge la transformación de la cultura, con sus caídas y esplendores. De ese tránsito seguiremos hablando en la siguiente parte de este viaje de exploración por las tierras de la imaginación.
Si quieres explorar un poco más, acércate a estos sitios:
Biblioteca virtual Julio Verne
Julio Verne: por los abismos de la imaginación (video)
Filmografía de Georges Méliès
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