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Cuando analizamos la realidad venezolana actual, notamos unas cosas que nos parecen curiosas; ya que no se entiende cómo con la situación económica, política y social del país aun hayan personas que apoyan el gobierno de Nicolás Maduro. Pues, si hacemos un análisis detallado, podemos observar que es una política diseñada y puesta en práctica para que eso suceda; con la finalidad de perpetuarse en el poder.
Todo ello se debe a que la política del gobierno está diseñada para que las personas respondan a un síndrome que le ocurre a aquellas personas que son rehenes, donde terminan aceptando e incluso defendiendo a sus captores.
"El 23 de agosto de 1973, en la ciudad sueca de Estocolmo, tuvo lugar un atraco con rehenes. Jan Erik Olsson, un presidiario de permiso entró en el banco Kreditbanken de Norrmalmstorg, en el centro de la ciudad. Al ser alertada la policía, dos oficiales llegaron de forma casi inmediata. El atracador hirió a uno de ellos y mandó al segundo sentarse y cantar. Olsson había tomado cuatro rehenes y exigió tres millones de coronas suecas, un vehículo y dos armas.
El gobierno se vio obligado a colaborar y le concedió el llevar allí a Clarck Olofsson, amigo del delincuente. Así comenzaron las negociaciones entre atracador y policía. Ante la sorpresa de todos, una de los rehenes, Kristin Ehnmark, no solo mostraba su miedo a una actuación policial que acabara en tragedia sino que llegó a resistirse a la idea de un posible rescate. Según decía, se sentía segura.
"Tras seis días de retención y amenazas del secuestrador, de cuyo lado se puso la propia Ehnmark, la policía decidió actuar y cuando comenzaron a gasearles, los delincuentes se rindieron. Nadie resultó herido. Tanto Olsson como Olofsson fueron condenados y sentenciados, aunque más tarde se retiraron los cargos contra Olofsson, que volvería a delinquir. Jan Olsson, en cambio, tras cumplir 10 años de prisión saldría de prisión totalmente rehabilitado y manteniendo una legión de fans.
Durante todo el proceso judicial, los secuestrados se mostraron reticentes a testificar contra los que habían sido sus captores y aun hoy manifiestan que se sentían más aterrados por la policía que por los ladrones que les retuvieron durante casi una semana. El criminólogo Nils Bejerot acuñó poco después y a consecuencia de aquel caso, el término Síndrome de Estocolmo para referirse a rehenes que se sienten este tipo de identificación con sus captores."
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Los planes que el gobierno tiene para gobernar es administrar los recursos del estado sólo para aquellos que tengan carnet de la patria; sin embargo, este mecanismo contraviene lo establecido en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 21 de la CRBV, el cual establece:
Artículo 21. Todas las personas son iguales ante la ley, y en consecuencia: 1. No se permitirán discriminaciones fundadas en la raza, el sexo, el credo, la condición social o aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos y libertades de toda persona. 2. La ley garantizará las condiciones jurídicas y administrativas para que la igualdad ante la ley sea real y efectiva; adoptará medidas positivas a favor de personas o grupos que puedan ser discriminados, marginados o vulnerables; protegerá especialmente a aquellas personas que por alguna de las condiciones antes especificadas, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan. 3. Sólo se dará el trato oficial de ciudadano o ciudadana; salvo las fórmulas diplomáticas. 4. No se reconocen títulos nobiliarios ni distinciones hereditarias.
Sin embargo, este mecanismo del carnet de la patria lo que busca es meter por el carril del gobierno a aquellos que se oponen al mismo gobierno, pero necesitan debido a la situación económica de la misma mala administración.
En ese sentido, el venezolano termina "agradeciendo" al Presidente Maduro por la cajita del clap, por la pensión, por las ayudas económicas o bonos que entrega. En tal sentido, aquel que reconoce que el gobierno no funciona, no sirve y se necesita cambiralo, está dedicado a salvar su vida mediante el consumo de los productos que el gobierno le pone para HACERLOS DEPENDIENTES DE ELLOS.
Muchos venezolanos, no sólo no ven que están cayendo en una trampa para hacerlos cada día más dependiente del gobierno, sino que muy probablemente cuando el gobierno haya superado la etapa de protestas y descontento, termine nuevamente desactivando los planes "beneficiosos" para el pueblo; mientras tanto, aquellos que necesitan del gobierno querrán que, a pesar de toda la situación éste permanezca en el poder, porque se ha convencido de que la culpa de su mal no es del gobierno, sino de la OEA, Estados Unidos, la Unión Europea, Colombia, Santos y cuanto enemigo quiera procurarse el régimen para mantener su cara de "democrático".