La señora Juana es una mujer entrada en años, se nota en su piel que muestra los surcos del tiempo y su cabello blanco como el algodón.
Siempre pasa por la tienda con una sonrisa en los labios y me informa que me vino a supervisar y a ver cómo está su negocio, buena excusa para quedarse a conversar un rato conmigo, realmente es una señora muy jovial.
Tiene un esposo con el que lleva más de 50 años de casada, al que me presentó una vez que nos encontramos en una cafetería y nos instalamos a tomar y compartir el café matutino del día. El señor Francisco me iba relatando muchos cuentos interesantes, es muy amigable, mayor que ella, con una estampa de abogado.
Ellos viven cerca de la tienda y siempre se les ve caminando por el sector haciendo sus diligencias, cada vez que veo al Sr. Francisco le pregunto ¿cómo está su señora? y me responde amistosamente como la mata de caraotas (judías) echando vaina.
Un día que la Sra. Juana pasó por la tienda a supervisarla, le dije:
Yo: buenas Sra. Juana, vi a su esposo y le mandé saludos.
Yo: él me cae genial.
Sra. Juana: Si, él genera esa empatía con la gente, siéntate que te voy a contar la historia.
De inmediato me senté y la señora Juana comienza su historia.
Trabajaba en una empresa que investigaba a la gente que iba a pedir créditos y necesitaban saber si lo que colocaban en sus expedientes y solicitudes era real.
Un día respondo el teléfono y era un hombre, llamaba para ver cuáles eran los requisitos para un préstamo, llamó varias veces para ir preparando su solicitud, yo lo guiaba para que llegaran los documentos completos.
Él ya me decía Juanita y un día me invitó a tomar un café, yo acepté y así fue que conocí a Francisco, a los meses nos enamoramos.
Enseguida la interrumpo y le digo, ve que el Sr. Francisco es un hombre genial mi señora, me encanta cómo se conocieron, de inmediato ella es quien me interrumpe y me dice espérate un momento que no he terminado.
Yo aún estaba sentado y ella hace lo mismo también y reinicia su historia, ahora su rostro se muestra más fuerte, gallarda, orgullosa.
Reinicia diciéndome, mi esposo viajaba mucho, en aquella época no es como ahora con las comunicaciones, entonces para no quedarme sola con el niño, me dejaba en casa de su mamá (mi suegra), cada vez que salía de viaje.
En uno de esos viajes, que me quedo en la casa de mi suegra, colocando mi ropa y la de mi hijo en el armario, veo que de una de las cajas de sus zapatos sale un recibo, cuando lo tomo y observo era del alquiler de una inmobiliaria donde estaban pagando un apartamento, en la Urbanización Bello Monte, no sé que me pasó pero como investigadora de expedientes, tomé el número telefónico del recibo y llamé, al comunicarme me responde una chica.
Chica: Inmobiliaria El Placer, ¿en qué puedo ayudar?
Sra. Juana: Soy Leticia la secretaria del Dr. Francisco, le llamo para saber si hay algún pago pendiente de la oficina o del apartamento de Bello Monte.
Chica: Déjeme ver.
Esa espera fueron segundos eternos. Al regresar, dice:
Chica: Sra. Leticia, no ya lo pagaron los dos, los pagó el propio Dr. Francisco.
Sra. Juana: Muchas gracias, pero ¿será que pagó el del apartamento 112?, disculpe la molestia, pero al Doctor no le gusta que le cobren.
Chica: déjeme verificar, pero es el del 2-b el que paga por aquí.
Sra. Juanita: Ah ¿pero que edificio es?
Chica: Residencia el Trupial.
Sra. Juanita: muchas gracias, hasta luego.
El corazón se me salía del pecho, pensé, que hago, en ese momento reviso la caja y estaban varios manojos de llaves, las tomé y llamé a mi cuñada, le dije que me acompañara y nos fuimos.
Al llegar al edificio subimos a buscar el apartamento, las dos sentíamos miedo, vemos al final del pasillo y lo encontramos, la tensión aumentaba, sin embargo abrimos la puerta del apartamento y entramos, me dije no lo puedo creer este es su ESCONDITE. Una vez adentro comenzamos a revisar y ver que tenía en ese apartamento.
Al abrir el closet y encontrar una bata que le había regalado colgada, llegó la tristeza yo pensaba que él la tenía en casa de la mamá, también había unas cholas y diferentes artículos femeninos.
Al finalizar la revisión nos fuimos corriendo, sin cruzar palabras, solo nos fuimos, ella (mi cuñada) y yo jamás volvimos a hablar del tema.
Al día siguiente, me fui sola y rompí todo lo que había en ese apartamento, estaba muy molesta. Al terminar me pregunté, ¿qué hago ahora? muchas ideas pasaron por mi cabeza en segundos, tenía que tomar una decisión y rápido.
Simplemente me fui, seguía pensando, sobretodo como proyectar mi vida con mi hijo que en ese momento era un bebé y lo más importante.
Finalmente, tomé la decisión de callarme la boca y nunca decir nada. Pero le averigüé la vida de la persona que salía con mi esposo, al saber que era casada la llamé y le dije que su esposo la estaba investigando.
Al poco tiempo y bajo estrictas medidas de mi supervisión, dejó de pagar el alquiler del apartamento y tu amigo Francisco disminuyó progresivamente los viajes.
Al finalizar su relato, el cual escuché con mucho detenimiento le pregunté:
Yo: ¿Porqué aceptó esa situación?
Sra Juanita: porque él era y es un buen hombre y un buen padre de familia.
Yo: Señora Juanita, ¿cómo pudo aguantar tantos años sin decir nada?
Sra Juanita: por mi hijo, por su futuro, después de todo aquello él fue otro hombre, se dedicó más a nosotros, recuerda que todos podemos cometer errores.
Yo: hoy de verdad me ha dado una lección de vida mi señora, ¿qué pasaría si le pasará eso hoy?
Sra. Juana: no cambiaría nada, la vida en pareja es difícil, hay que tener paciencia y actuar desde el amor, mira cuanta agua ha pasado debajo del puente y sigo con él, es un excelente hombre.
Sra. Juana: te pregunto ¿que hubiera pasado si le digo y me divorcio? estuviera sola o con otro hombre que quizás tenga más defectos que él.
Yo: tiene razón mi señora.
La señora Juana se levantó se despide de mí con un fuerte abrazo y me dice, Francisco es la mata de caraota, siempre ha echado vaina se ríe y se va.