Cuando el alma nos deje
Aunque tenemos cinco sentidos solemos privilegiar uno: el sentido de la vista. “Ver para creer” dice el escéptico, y quien no desea meterse en aguas profundas argumentará: “ojos que no ven, corazón que no siente” y es que los ojos son los que delatan, acusan, afirman, traicionan y derriten al corazón más duro.
Hay un sinfín de expresiones donde ellos son protagonistas, “Lo dejaron con los ojos claros y sin vista”, para referirse a que alguien quedó en blanco, desubicado o ignorante de alguna situación. Es tanta la atención que se hace a este órgano que abundan los pleonasmos “mira para que veas”, “yo lo vi con mis propios ojos”, unidos a expresiones hiperbólicas: “me costó un ojo de la cara”, “casi me sacan los ojos con los precios” y otras que muestran descortesía, “yo no tengo ojos en la espalda”.
En mi entorno he escuchado decir: “le picó el ojo” para hacer referencia a los guiños. Las muchachas cuando están molestas acostumbran girar la cabeza y cerrar los ojos, ante la persona con la que tienen el enojo, “María me mató los ojos” o me “voltéo los ojos”, se escucha decir entonces. Todos hemos oído hablar de la Ley del Talión, “ojo por ojo, diente por diente”, que establece una especie de reciprocidad en la demanda del castigo en la búsqueda de un equilibrio.
Hay hermosas canciones venezolanas “Muchacha de ojazos negros” de Juan Vicente Torrealba, “Ojos color de los Pozos”, de Alberto Arvelo Torrealba, cuyas letras exaltan el amor y son los ojos el elemento distintivo, donde se pone el énfasis, con los que se evoca al ser amado. Cruz Salmerón Acosta expresa su ansiedad más genuina en su poema Azul: “Sólo me angustias cuando sufro antojos, de besar el azul de aquellos ojos, que nunca más contemplarán los míos.”
Muchas veces no hace falta decir nada, con la mirada basta. Si no, recuérdese cuando las madres nos obligaban a verle la cara para saber si mentíamos o no. “Míreme la cara cuando le hablo”, decían e instalaban así una norma de todo buen hablante. Los que hemos tenido hijos recordamos la primera vez que nuestro bebé nos vio y siguió con su mirada los movimientos de nuestra cabeza, ese momento mágico que marca nuestra vida, ese primer encuentro de las almas que se ven, se aceptan y se aman. Por eso le dice Giraluna a su bebé, “no te duermas niño que dormir es feo, todo, todo, todo, se te pone negro, yo no te di ojitos para que durmieras” en Giraluna duerme al niño de Andrés Eloy Blanco.
Dicen que los ojos muestran el alma, ésta está allí avivando la llama de la mirada, abre el pasadizo secreto que recorren los que se aman, se vuelven espejos donde se refleja el mismo sentimiento, marcan fríamente la distancia cuando éste ya no está y se vuelven mustios, muy mustios cuando el alma nos deja.
Gracias por mis ojos porque puedo ver y pintar lo que me gusta.