Flor galana tallada sobre la puerta de una edificación rural en los Arribes del Duero. Es una figura geométrica con seis pétalos, muy fácil de dibujar sobre papel si se tiene compás. Con el mismo radio con el que se traza el círculo externo se dibujan los semicírculos que forman los pétalos internos, simplemente centrando el compás en algún punto de la circunferencia inicial.
La flor de la foto está tallada en granito en el dintel de la puerta. El símbolo, también llamado flor de agua o rueda celta, se coloca desde tiempos inmemorables sobre la entrada de las casas como sello de protección frente a los “malos aires”.
En las Arribes la flor galana se identifica con la margarita pero puede referenciar tanto a otras flores como a una rueda o al mismo Sol. Se suele encontrar pintada, pero en el caso del constructor de esta casa bien pudo concluir que un simple trazo no vence los embates del tiempo, y en vez de pensar a lustros o décadas vista se proyectó sobre los siglos venideros: “Si tallo la flor en piedra este hogar estará protegido aún cuando mis tataranietos hayan olvidado porqué está ahí. No se borrará por efecto de mil lluvias o una capa de cal. Permanecerá”.
Y posiblemente acertara en su presunción, pues en el momento de sacar estas fotografías el edificio, que se encontraba en estado de semiruina, estaba de nuevo en obras. En las primeras fases de un proceso de restauración que quizás hayan emprendido los tataratataranietos de su constructor. Tengo la sensación de que este dintel permanecerá.