La vida es una búsqueda de explicaciones. Siempre nos trae por caminos inesperados. Pero debemos recibirla con buen ánimo, como si recibiéramos un preciado tesoro. No sirve de nada quejarse o echarle la culpa a nuestros padres o al vecino. Debemos salir adelante con la misión que tenemos, porque cada uno tiene una misión, que tal vez no entienda al principio. Lo mejor es encomendarnos a Dios y ponernos en sus manos.