De las pasiones a la buena comida.
Todos tenemos en el caminar por esta vida, muchas pasiones. Tener, vivir y sentir esas pasiones nos dan personalidad ante otros/as; pero también, hay que cultivar las pasiones como decían los griegos. Que bien sabían ellos, cómo vivir esas pasiones…una de mis pasiones, es la buena comida. Me gusta mucho comer las diversas comidas de ellas: saborear, oler, ver pero también conocer sus ingredientes, saber cómo se elaboran, su historia gastronómica…como dice el profesor Rafael Cartay “entendiendo lo que forma la gastronomía”.
La gastronomía como ciencia.
Según Cartay, quien combina su pasión por la gastronomía con la docencia universitaria, ex director de cultura en la Universidad de Los Andes, del cual tuve la oportunidad de conocer en su gestión y leer sus libros. Coincido con lo que Rafael Cartay señala “la gastronomía de una colectividad es como una red que atrapa elementos que cumplen funciones sociales dentro de un ámbito y una cultura determinada”. Llegar a un pueblo o país, detenerse en cada momento a disfrutar sus comidas en sus múltiples colores y sabores es todo un placer a mis sentidos. Continua diciendo Cartay “a pesar de que esas cocinas son como faros de vigía u oteros para mirar el mundo y mirarse, preservándose a sí mismo para no perecer (la cocina regional está íntimamente ligada a una tradición), cambian, como todo en la vida”. Considero que la buena mesa, la buena comida en el marco de la gastronomía es toda una ciencia. Quien la disfruta el mejor jurado…
De quién aprendí…?
En mi vida, he tenido dos buenas maestras y un maestro. La primera ha sido mi abuela Abigail, en su forma de vivir era toda una experta en la cocina, siempre he dicho a mi abuela hasta el arroz es un placer comer. Ella tenía una buena sazón para todo, hacía milagros culinarios con sus manos; cocinar en fogón esas ricas comidas de mi infancia me ha llenado siempre mi vida; sabía las cantidades y propiedades de cada alimento para preparar, sabía el tiempo necesario de cocción, sus olores desde la cocina invadían la casa y despertaban en mí muchas emociones y pensamientos.
La segunda persona que he aprendido a cocinar y comer, ha sido Mamamema, mi mamá que heredo de mi abuela, su arte por la cocina. Mamá con simples ingredientes invade la casa de esos olores de la abuela; verla en su cocina es ver un mosaico de colores en las ollas pero sobretodo, el placer es comer sus preparaciones. Ella usaba los ingredientes criollos, siempre dice “lo necesario para cocinar es ajo, ají dulce, cebolla, tomate y pimentón, con eso se hacen maravillas; mamá complemento su comida sencilla con las comidas gourmet de papá; le fascina estar en la cocina y desde allí crear mis pasiones.
El tercer maestro que he tenido, ha sido mi papá quien aprendí el arte de la cocina desde la cotidianidad del “aprender haciendo” hasta llegar a ser un Cheff destacado en Mérida; tenía una habilidad con sus manos para deshuesar; una rapidez en el uso de los utensilios, una riqueza de sabores y colores en cada plato que preparaba; tenía la capacidad de hacer de ingredientes sencillos y criollos en un verdadero plato gourmet.
De mis tres maestros culinarios aprendí el buen sabor de la mesa, a disfrutar plenamente de comer y de vivir con esta segunda pasión…la pasión de comer.