Hay relojes que te dicen qué hora es mientras que hay otros que pueden detener el tiempo. Pero el reloj que tenemos en mi casa lo adelanta. El doble, el triple, décadas. Fue así que una tarde, cuando pensábamos que eran eso de las 4 de la tarde, mi nonna dijo: ''Ragazzi, sono le otto di sera.'' Confundidos intercambiamos miradas. Ciertamente había empezado a tomar un medicamento para problemas neurológicos hacía apenas unos días y los doctores y ''Efectos secundarios de x'' en Google nos habían advertido que estas cosas podían pasar. Le dimos una mirada al reloj y con toda la lucidez que puede tener una máquina, decía que eran las 8 de la noche.
Nos invadió ese sentimiento de incertidumbre que suele sacarte de tu zona de confort y te hace sentir que has sido transportado a un pasillo oscuro y solitario en donde intentas encontrar el suiche de la luz, pero por más que tantees con tus torpes dedos, no lo vas a encontrar. Algo extraño estaba pasando. Afuera ya no había la misma luz que antes sino más bien una tenue oscuridad, como cuando eras pequeño y tu mamá solía cubrirte casi entero con las sabanas. Y por algunos cortos segundos pudimos ver el futuro.
Nos trasladamos todos a un funeral. Estábamos todos vestidos de negro y nuestro humor contrastaba con el hermoso día que hacía. También pudimos ver a niños corriendo a nuestro alrededor. Guerras, paces hechas a medias, desastres naturales, una primavera mundial que duró varios años donde todo lo muerto resucitó y no había más lágrimas. Finalmente vimos como el tiempo, verdugo implacable, arrasó con absolutamente todo y ya no quedó más nada sobre la tierra ni bajo esta. De algún modo nos dimos cuento que estábamos dando vueltas en círculos y el ciclo comenzaba de nuevo. Fuimos esperma, cigote, feto. Dormitamos todos en los vientres de nuestras madres por nueve meses. Crecimos, ''adolescimos'', padecimos cosas que algunas personas jamás entenderían. Nos transportamos a Italia y ahí estábamos de nuevo, en la pequeña sala con mi nonna diciendo disparates:
- No, nonna. Sono le quattro del pomeriggio.
- Ah, va bene.
Desde ese entonces el reloj fue movido de su lugar habitual y ahora es solo parte de una triste decoración donde algunos aún se atreven a darle un vistazo y perderse en el desorden del tiempo.
Imágenes tomadas con mi aburrido Samsung Galaxy S6 edge, para aquellos que se pregunten.