Cuando sea vieja quiero recordar muchas cosas que pienso ahora para hacerlo todo más fácil. Debo recordar no ser egoísta. Que a las personas que me están cuidando se les hace difícil también. No es agradable ver a los seres que amas envejecer. Quiero recordar también que me estoy volviendo niña de nuevo. En esta metamorfosis, de mariposa a oruga y de oruga a nada, quiero disfrutar como una niña. Reír, llorar, olvidar lo que nunca pude y lo que sea necesario para continuar. Y cuando haya olvidado hacer todas las cosas que aprendí durante mi vida, aprender una última, la más necesaria: abandonar todo miedo. Las gracias no vendrán fácil porque no me gustará no hacer nada por mí misma, pero las tengo que dar siempre. Si no es muy tarde, me gustaría recordar lo que es vivir de verdad, porque en los momentos en que las fuerzas se nos van es cuando recordamos lo que realmente significa vivir. Y si sufro de problemas de memoria, me gustaría hacer otra vez cosas por primera vez: quizás un primer beso con mi esposo, escuchar mi canción favorita de nuevo por primera vez, observar la Noche Estrellada de Van Gogh y quedar deslumbrada porque qué cosas maravillosas que podemos hacer cuando queremos, ¿no?
Cosas feas no quiero ver ni saber, ya tendré una vida completa en donde habré visto muchas de esas cosas. Cuando ya deje de ser mariposa y comience a ser oruga, recordar que en algún punto de ahí vine y que es lo más natural que he podido haber hecho en toda mi vida, después de haber querido, leído sin fin de libros cuyas historias y personajes ya no recordaré y con ansias de comenzar una nueva aventura, si es que la hay después.