Es bien sabido que andar un camino sin un lugar como destino, es no llegar nunca a ningún lado. Lo mismo pasa con nuestras vidas, hay personas que van por la vida sin una meta, sin un objetivo y constantemente se van convirtiéndo en cuerpos andantes, sin almas, sin alegrías y motivación para hacer cualquier cosa, algo tan simple como levantarse de la cama se convierte en algo tedioso, ya que no hay ese combustible, esa batería de te impulsa y motiva a salir y luchar cada día por eso que tanto quieres, ese algo que te motiva e impulsa a superarte. Para hacer cualquier cosa las personas necesitamos un motivo, ya sea a corto o a largo plazo, que haya ese deseo de seguir y aguantar los embates de la vida en pro de algo mejor en el futuro inmediato o lejano. Cuando es así que no hay ese deseo, esa motivación, si no que vivimos por vivir, que estamos por estar, nos volvemos imanes que solo traemos el fracaso a nuestras vidas ya que hacemos las cosas por hacerlas, por rellenar o ocupar un espacio de tiempo y obviamente no llevamos ningún tipo de energía positiva o buena vibra que nos haga afines con la energía del éxito sino todo lo contrario.