Hace aproximadamente un año empecé un taller de escritura y una de las asignaciones fue hacer un relato utilizando la figura de la luna y la chistera y de ahí salió esto que ahora les transcribo que es mi cuento primo.
Erase una vez un sombrero de copa que añoraba alcanzar la luna. Todas las noches aguardaba pacientemente a que esta apareciera y al verla intentaba llamar su atención sacando flores, pañuelos, palomas y conejos; pero nada de esto funcionó. La luna no lo notaba. Ella solo estaba pendiente de derrochar su belleza.
Orgullosa se movía entre las estrellas y alborotaba a las luciérnagas del bosque que prendían y apagaban sus luces como haciéndole reverencia a su llegada. Pobre sombrero de copa, como podría lograr que esa dama altiva lo iluminara alguna vez. Si tan solo pudiera volar o decirle cuanto la amaba; si ella supiera lo mucho que deseaba posarse en su cabeza para llenarla de papelillos y guirnaldas. Si tan solo ella lo mirara.
Fue entonces, cuando repentinamente recordó aquel espejito que usaba en sus trucos de magia. Removió en lo más profundo de su ser , lo encontró y de inmediato lo colocó de tal manera que ella se reflejara en él, pero ésta por el contrario, se indignó ante esa nueva luz que le restaba admiración en el lugar; sin darse cuenta que era el corazón de una chistera que se veía en su faz.
Al poco tiempo, la luna fue menguando y con ello su luz palideciendo. La tristeza la embargó a tal punto, que apagó su brillo. El sombrero al percatarse de lo que estaba sucediendo, volvió a acomodar el espejo para mostrarle su otra cara, sólo así pudo comprender lo que había pasado y al instante se iluminó, reflejándose en las alas de aquel sombrero de copa que le hizo sentir por primera vez lo que significa amar y ser amada.
Los amantes ahora querían encontrarse y vivir juntos por siempre. Una gran distancia se interponía entre ellos; solo un milagro podría lograr que estos seres se unieran.
Los amantes ahora querían encontrarse y vivir juntos por siempre. Una gran distancia se interponía entre ellos; solo un milagro podría lograr que estos seres se unieran.
Los ángeles celestiales conmovidos por aquel hermoso sentimiento, decidieron ayudarlos a cumplir su sueño. Cupido fué el designado para llevar a cabo la misión, pués de seguro el había tenido que ver con esta historia, aunque con picardía lo negaba. Bajó a la tierra, se puso el sombrero y alzó el vuelo hasta la luna; lo posó en su superficie y lo dejó allí con su amada.
Ahora ella luce elegante un sombrero de copa que la adorna en noches de luna llena y la arrulla cuando está menguada.