En algún momento de la vida, el ser humano se ha preguntado cómo sería su existencia si pudiera vivir eternamente. Hasta ahora esto ha sido plasmado en textos de libros y en películas cinematográficas de ciencia ficción. Quien diría que un ser de nuestro planeta pudiera poseer esta extraordinaria cualidad.
Su nombre es Turritopsis dohrnii, es un ser muy diminuto que apenas llega a medir cuatro (4) milímetros de diámetro. Su cuerpo está compuesto por un 95 % de agua, lo cual hace que su estructura física sea transparente y gelatinosa con una exposición visual de su rojizo estómago. Vive en las profundidades del mar mediterráneo y pertenece a una de las familias de invertebrados conocidas como las medusas.
Esta simpática medusa, percibida por su cabeza en forma de cubo, largos tentáculos y bella luminiscencia en la oscuridad, también es capaz de revertir su ciclo vital cuando alcanza su etapa adulta. Este fenómeno es conocido como transdiferenciación, el cual el animal atraviesa una regresión biológica que le permite regresar a la tierna infancia que la vio nacer, escapando así indefinidas veces de la muerte.
Puede conseguir esta proeza porque ha descubierto la manera de modificar sus células, retrocediendo a sus fases anteriores como un pólipo. Luego de este último vuelve a crecer nuevamente hasta ser una medusa completamente nueva sin perder ni una sola de sus características o capacidades durante el cambio.
A pesar de que este proceso no se ha observado en su habitad natural, los científicos han certificado hasta sesenta (60) ciclos continuos en el cien (100) % de los individuos.