Quiero comenzar mi post con un sencillo ejercicio.
Cerrá los ojos, normalizá la respiración, mantenlos cerrados y sonreí. ¿No notas una sensación de bienestar casi inmediata?
Todo es una herramienta a fin de cuentas La discrecionalidad con la que utilizas los recursos, en la mayoría de las veces es puramente intuitiva. No solo que sería caótico y sumamente estresante manejar cada una las emociones y terminaría en todo lo contrario. Fluir y ser, también son herramientas. Detectar esas actitudes que nos transforman en personas que no queremos.
El dolor no es opcional, pero el sufrimiento si lo és.
La diferencia entre el dolor, es que súbitamente llega; es parte del entorno. En cambio el sufrimiento es permitirle al dolor desencadenar una reacción en cadena de pensamientos negativos. Cada emoción merece ser aceptada, no podemos evitar el sentirnos mal; pero podemos aceptarlo como algo que va a suceder siempre.
Por medio de la aceptación podemos incluso no solo no sufrir, si no que hasta uno puede apreciar y disfrutar momentos de dolor.
Quizás en muchos casos particulares ya lo hagas, muchos son o fueron (¿Fuí?) adictos por ejemplo a relaciones tóxicas, donde amas y deseas a alguien que saca los peores estados en vos.
Posiblemente puedas ser más sensible ante una emoción u otra. Conocerse puede resultar bastante útil. La sensibilidad es una herramienta. Cualquier tipo de información sobre cómo repercuten los estímulos en nuestro interior; ayuda a mantener el control de lo que expresamos y comunicamos. Aunque control me parezca una palabra incompleta y binaria como para definirlo. Más que como una tecla de encendido y apagado, sería el caudal regulable de una canilla. Que algo te apasione, crea estados de euforia. Útiles hasta un punto. Los momentos de emoción fuerte logran que nuestra cabeza trabaje más rápido por la tensión. El control de la intensidad nos permite llevar a cabo con éxito ser el tipo de persona que queremos ser.