Continuaron por diferentes caminos, que los llevarían al mismo destino después de pasar varios días esperando el anhelado encuentro. Sus corazones latían fuertemente, cierta sensación de incertidumbre los invadía al mismo tiempo, por hecho de ser almas gemelas tenían los mismos sentimientos; el miedo al rechazo, el no ser correspondido, ni ser lo que el otro esperaba, siempre estaba al acecho aquel dilema. Eran muchas horas de viaje programadas, desde el día en que se conocieron por primera vez. Unidos por los mismos intereses trataron sin saberlo de huirle a un fin incierto; siempre escabulléndosele al amor terminaban coincidiendo. Todo lo que sucedía en sus separadas vidas amorosas era el tema de conversación de cada noche detrás de un computador. Sabían que algún día llegaría el momento de verse, jamás entenderían las jugadas del destino, un viaje de negocios la llevaría hasta el lugar de aquel amor. Quienes están destinados a estar juntos solo esperan un pequeño empujón que los dirija al camino.
No fue cuestión de suerte sino sorpresas que la vida les tenia deparadas; Allí estaba él caminando de aquí para allá como cualquier hombre angustiado esperando algo en ese lugar donde muchos llegan y otros se van, donde se pueden ver las lágrimas correr por los rostros de seres queridos y amigos. Maletas ve pasar alrededor y pasajeros por doquier, el viaje se retrasó demasiado las horas picos siempre son las más desesperantes. Su cabeza rasca en señal de angustia ese avión no llega ¿Todo estará bien se pregunta? Un corazón tan angustiado como asustado se encaminó a un lejano lugar donde no sabe si será correspondido, solo sabe que su amor incondicional está dispuesto a dar.
Mientras reposa su cabeza sobre cualquier asiento de avión en medio del azul e inmenso cielo de la ciudad a donde se dirige, mirar estos paisajes nuevos la desvían un poco del miedo que siente, los rayos de sol la reaniman aunque muy en el fondo de su corazón teme al rechazo. Solo son desconocidos unidos por un hilo rojo que algún ocioso japonés inventó para darle rienda suelta a diversas historias de amor, con las que de hecho ella soñaba. Tal vez sus dedos penden de ese hilo rojo y no lo quieren aceptar, ella solo sabe que con él sueña despierta, que durante mucho tiempo recorrieron con mochilas el mundo entero, allí en sus pensamientos. No sabe cómo pueda reaccionar con su apariencia, pasaron tanto tiempo viajando que no se fijaron en sus aspectos, estaban enamorados de los paisajes y de los viajes. De algo si estaban seguros ambos tenían el mismo pensamiento, querer recorrer el mundo hasta llegar a viejos.
Unidos por el mismo pensamiento, separados por selvas, montañas y desiertos; le dan rienda a una bonita amistad que los unió con el tiempo. Aunque nunca se han visto personalmente, saben que eso no importa, solo a distancia pudieron conocer verdaderamente de que estaban hechos, a veces es más sencillo ser sinceros detrás de un teléfono, Skype nunca miente y sus lágrimas el ya conoció. Ella solo quiere verlo y empezar a recorrer su mundo, su pequeño mundo lleno de grandes hechos, que el ilustraba con cada viaje y cada encuentro. Él era lo que ella tanto había soñado, en un principio lo comprobó cuando a sus nuevos amigos ingreso, llenándola de historias sobre viajes y aventuras; inmediatamente pensó que estaba hecho a su medida. Luego de tanto esperar y de continuos fracasos, creyó haber encontrado la persona que tanto había buscado. A pesar de estar separados por kilómetros y destiempos llegó justo en el momento perfecto, en el que ella dudaba si seguir en una relación de tormento, resultando de todo esto él su noble consejero, ayudándola a ser más llevadero todo el fatídico proceso del rompimiento.
El siempre trató de llenarla de sonrisas, sus palabras jocosas eran la orden del día y un acento que medio entendía le dieron un vuelco a su rutina, siempre quería hablar con él aunque en circunstancias no se concertaban las citas, ella de algún modo lo esperaría. Eran tan volátiles y apacibles al mismo tiempo, venían marcados por historias de amor frustrados llenos de sufrimiento. Quien diría que lograrían desafiar a las corrientes anticuadas que ven al amor a distancia como solo una fachada. Redundando entre sus pensamientos se da cuenta que falta poco por llegar, sus piernas no saben como andar y el equilibrio deja de ser su compañero, dejando a un lado sus pensamientos ruega que no sea un secuestrador. Recuperando la cordura así misma se pregunta ¿Cómo va a ser un secuestrador alguien que solo quiere su bienestar?