Como un elemento imprescindible de la idiosincrasia del sanjuanero emergen los majestuosos morros de San Juan, como fieles guardianes que enmarcan el paisaje de esta genuina tierra sin duda bendita por la mano de Dios.
Investigaciones apuntan a que Los Morros son escarpadas formaciones rocosas compuestas principalmente por caliza arrecifal bastante erosionada que se elevan a una altura máxima de 1.060 metros sobre el nivel del mar. Se dice que originalmente, formaron parte de un antiguo arrecife coralino que creció en las aguas someras de un mar interior que cubría el espacio que hoy corresponde a la región de los llanos, hace unos ochenta millones de años.
En lo alto del morro mayor, se yergue un viejo faro cuya construcción fue ordenada por Juan Vicente Gómez en 1929 para servir como referencia a los pilotos de los primeros aviones que surcaban los cielos venezolanos, pero lamentablemente en la actualidad no se encuentra en funcionamiento.
Solo los más arriesgados se atreven a desafiar el vertigo
Los morros de San Juan ocupan un sitial de honor en el corazón de los sanjuaneros, especialmente en los de aquellos que por distintas razones decidieron dejar su tierra y emprender nuevos rumbos. Para quienes aún permanecemos en nuestro terruño, tenemos el privilegio de observar su majestuosidad casi desde cualquier punto de la ciudad; un mágico retrato que cambia de colores a placer y que nos deleita a diario.