Diferentes acepciones se tienen en cuanto a la Resiliencia, sin embargo, en lo que al individuo se refiere, el punto de partida de este concepto, fue a partir de las investigaciones realizadas por Emmy Werner (1929-2017), psicóloga estadounidense.
Cuando Emmy Werner comenzó esta investigación longitudinal, en 1955, en una isla de Kauai (Hawai), no sospechaba que los resultados obtenidos sentarían las bases de una nueva concepción del ser humano.
Inició su estudio con una muestra de 700 niños recién nacidos procedentes de familias que vivían en situaciones desfavorables de pobreza, desestructuración, enfermedades mentales, alcoholismo… Con la intuición de que, tras 30 años de seguimiento, obtendría datos que confirmaran que esos niños expuestos a entornos desfavorecidos, desarrollarían patologías de cualquier índole.
Efectivamente, parte de la muestra confirmó esa hipótesis. La sorpresa la obtuvo cuando el 30% de los niños no sólo no desarrolló ninguna patología sino que vivía una vida completamente normal, con un desarrollo sano y positivo. Fuente
Luego de esta investigación, hubo cambios de paradigmas, ya que surgieron nuevos planteamientos orientados a las conductas de esos niños que representaban el 30% de la muestra, los cuales respondieron de manera distinta a la hipótesis que se tenía. Al evaluar el proceso en los niños, observaron que los mismos evolucionaron satisfactoriamente, sin que tuvieran ninguna asistencia terapéutica, se hicieron jóvenes y adultos competentes y bien integrados. Ellos(los niños)en un principio, fueron catalogados como “invulnerables o niños invencibles”, con una mayor capacidad cognitiva, quizás por la genética, sin embargo, se concluyó que todos esos niños resilientes tenían cosas en común y es que todos contaban con una figura significativa de apego, familiar o no, que los aceptaba sin condiciones, independientemente de sus características físicas, inteligencia o temperamento. En este sentido, Werner concluyó: “la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo”
La resiliencia se define como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas. Fuente
De acuerdo a esta definición, seguramente muchos de nosotros somos resilientes y no sabíamos que ese era el término correspondiente. Muchos hemos pasado por situaciones adversas como: la pérdida de un ser querido, de un trabajo, la separación de la pareja, etc. No obstante, hemos sobrevivido ante esa situación porque se tiene la capacidad de hacer frente a esa situación de una manera positiva, con recursos adecuados que se traducen en escudos protectores que impiden sucumbir ante el dolor, el fracaso o la adversidad y sencillamente se sale fortalecido porque hubo un aprendizaje de esa situación. Asimismo, es importante resaltar que la resiliencia no es innata y que se puede adquirir con el tiempo, fomentando algunas características para ello, como: el tener una autoestima positiva, buen sentido del humor, optimismo, perseverancia, con buen control emocional y por supuesto, el contar con personas significativas en la vida, quienes fungirán de apoyo y de ejemplo para continuar avanzando. Igualmente, es importante promover la resiliencia en la familia para que los niños crezcan en un ambiente sano, donde los vínculos estén bien fortalecidos, que les permita crecer seguros y enfrentar de forma adecuada las diferentes situaciones del día a día, entendiendo que al final, dicha resiliencia se va a constituir en una habilidad para la vida.
Gracias por leer este post, espero comentarios de personas resilientes, para seguir aprendiendo, saludos.