He estado observando las hojas de los árboles terminar de caer, las he observado durante días y hoy finalmente me han dicho que empiece a ser luz y te deje ir, que deje que el viento me lleve lejos de aquí. Y es que creo que hoy en día las personas creen que enojarse los hará sentir mejores, cuando la verdad es que sólo los llena de odio.
Y es que sigues buscándome en los sitios en los que fui y no en aquellos en los que soy.
Y aún así, sigo buscando las palabras correctas.
Y aún así recuerdo aquel día en el que el sentir tu piel junto a la mía era más que suficiente.
Y aún así, la última parte de cada oración sigues siendo tú
Y aún así, sigues llevándote partes de mi en la manera más hermosa que puedas imaginar.
Y aún así, sigues siendo lo único que aleja el insomnio cuando me detengo a decirte que no puedo dormir.
Y aún así, sigues teniendo sentido.
Y he llegado a pensar que algunas personas sólo están rotas, no porque no puedan repararse sino porque los han convencido de que necesitan reparar al mundo a su alrededor en lugar de repararse a si mismos. Porque el egoísmo de las personas no conoce de límites, porque las personas con los corazones más gentiles no llegan a entender que ayudaríamos mejor a los demás si nos ayudamos a nosotros mismos también.
Hoy me he dado cuenta de que estoy feliz porque te he dejado ir y ya no duele. Y es que si algo ya no duele es porque han sido tantas las heridas que el nervio se adormeció y para cuando despierte, volverá a doler y no será el mismo, ¿cómo podría sentirme orgullosa de eso?
Y es que no sé por qué siempre lograste salvarme de mi misma, de las personas que no veían lo que tú veías en mi, de los momentos llenos de soledad y de los sitios a los que no pertenezco. Y a pesar mis esfuerzos por dejarte una sonrisa, de mis limitaciones, las tuyas y las nuestras, la oscuridad invadió la historia de aquel nosotros que una vez tanto quisimos.