¿Se imaginan volver a ser como solíamos ser cuando éramos apenas unos niños? Antes de que todas las opiniones del mundo abrumaran nuestra mente. Antes de entender - o intentar entender - el significado de nuestra existencia.
¿Se imaginan de verdad ser capaces apreciar los colores un atardecer, de poder respirar de verdad, de poder vivir a través de nuestros ojos y no a través del lente de una cámara? ¿Cuándo fue la última vez que nos detuvimos un instante a apreciar el atardecer que tenemos enfrente en lugar de apreciarlo a través de una fotografía?
No se qué nos pasó, no se cuándo llegamos a convertirnos en las personas que somos ahora.
A veces pienso que estamos perdidos, en verdad perdidos. Que no hay manera de regresar a esos momentos en los que podíamos decirnos todo con palabras y no con emojis.
Pero aquí estamos y no tenemos ni la más mínima idea de que lo estamos.
Tengo un avión que tomar a las 12 y tú estás aquí, a mi lado, dedicándole una sonrisa a tu celular.
Te acabo de hablar sobre cómo mis pensamientos me abruman porque no puedo controlarlos y tu mirada se dirige a la pantalla del televisor, ¿es que acaso no te importa?
Estoy aquí, pensando en que hice algo terrible, en que he desperdiciado mi tiempo - ese que ya no volverá -,¿no te importa?
Te digo que puede que esta sea la última vez que te vea, intento encontrar tu mirada, tener una conversación real y tú estás inmóvil, poniendo tu atención en el programa del televisor y desviándola eventualmente a la pantalla de tu celular.
No me queda de otra más que empezar a divagar, terminar de perderme en mis pensamientos.
Me pierdo, divago y pienso en las personas, en el querer. Me molesto porque miro a mi alrededor, evoco algunos recuerdos y me doy cuenta de que nos hemos vuelto tan cobardes que estamos empezando a querer no querer.
Que nos hemos vuelto tan inseguros de nosotros mismos que somos incapaces de responder un mensaje o en responderlo con un "Más tarde te hablo" no porque estemos ocupados, sino porque no queremos mostrar interés.
Que llegamos a ese punto en el que nos desconocemos y nos engañamos a nosotros mismos diciéndonos que no queremos encontrar relaciones que de verdad nos hagan sentir algo.
Nos hemos vuelto tan susceptibles ante las opiniones de la sociedad que preferimos callar en lugar de decir lo que pensamos.
Nos hemos vuelto tan miedosos, que preferimos discutir sobre cosas que de verdad importan, escondidos detrás de una pantalla.
Nos hemos tan tontos como para alejarnos al instante en el que nos damos cuenta de que alguien nos gusta. Sin importar cuánto tenga para ofrecernos o cuánto tengamos para ofrecer, somos tan egoístas y cobardes que no nos quedamos para averiguarlo.
Observo, recuerdo y pienso que, es realmente estúpido eso de tener miedo a sentir. Es realmente estúpido, que a estas alturas, con todos los avances y logros alcanzados por el ser humano, con todas las facilidades que hay hoy en día, nos quedemos atascados emocionalmente porque nos asusta el querer sin el refugio de una pantalla.
Esto es algo que escribí luego de ver a una pareja y pasar horas pensando en que a veces se nos va la vida intentando complacer a otros, intentando agradar a una persona al otro lado de la ciudad - o del mundo - cuyo único contacto con nosotros, es a través de una computadora. Qué ironía que después de haber llegado a la conclusión de que pasamos demasiado tiempo interactuando virtualmente, cuando las verdaderas conexiones y experiencias están ahí afuera, detrás de la puerta, haya decidido postear mis pensamientos.