Antes que nada, quisiera disculparme contigo, porque estás leyendo esto y probablemente notas cómo la torpeza y la falta de precisión se apoderan de mis letras mientras llevo a cabo otro iluso intento de expresar algo que por ahora, me parece casi inalcanzable. Quisiera disculparme, no sólo por el desorden en mis palabras, sino también por el vacío que se haya en ellas.
Pero es que en algún momento de mi vida que me niego a recordar, aquella musa que tenía se fue para nunca más volver llevándose consigo todas mis palabras. Y ahora no me queda de otra más que sentarme una que otra noche frente al papel en blanco mientras intento pensar en aquello que está más allá de mi ventana en busca de inspiración.
No me queda de otra más que vivir de todos esos recuerdos que mi mente se empeña en olvidar, de intentar resucitar todos aquellos personajes que alguna vez causaron algún efecto en mi.
Pero es que no hay sentimiento más absurdo que aquel que florece cuando te sientes abandonada por las mismas letras que te acompañaron por años. Te sientes retirado en el olvido a la espera de aquella luz que alguna vez tuviste y que permitió que tu existencia no se extinguiera. Te sientes derrotado y defraudado por nadie más que por ti mismo. Porque tus letras se han ido y te han dejado aquí con todo ese desastre de emociones que no sabes cómo sobrellevar.
Y de repente pasa que escribes algo sin sentido, un grito de auxilio de quién sabe qué cosa mientras tus lágrimas caen sobre el papel y ni siquiera sabes por qué. Quizá sean tus dedos sintiendo todo el dolor que deja la ausencia de las palabras que tanto necesitan. Quizá sea tu corazón evocando todos aquellos recuerdos en los que te sentabas a escribir y las ideas fluían abriendo paso el entendimiento y al perdón. O quizá no sea nada y sólo lloras porque, al quedarte sin palabras, no queda de otra más que expresar todo el dolor a través de las lágrimas.
Las palabras se van y te quedas con esa terrible enfermedad del espíritu en el que tus pensamientos se van para nunca más volver y no puedes hacer nada más que esperar a que las personas no formen un terrible juicio equívoco de ti.
No quiero que me malentiendas y pienses que ésta es otra horrible falta de aquello que las personas se empeñan en llamar inspiración, no, es una pérdida total de alma, letras, y pensamiento.
No sé si existe en verdad algo que produzca todo este desastre y toda esta ausencia, lo que sí sé es que hay algo ahí afuera - o dentro mío, quién sabe - que me impide hacer lo que debo hacer. Algo furtivo que me arrebata todas las palabras, que destruye a su paso todos aquellos pensamientos y emociones causante de aquellas letras que tanto me definían.