Ojalá nos educaran desde pequeños haciéndonos saber que estamos completos, que no necesitamos de nadie que nos complemente. Que somos únicos y, que a pesar de eso quizá, después de todo, no siempre vamos a ser tan especiales.
Ojalá nos educaran haciéndonos saber que no existe tal cosa como una media naranja, que no nos encontramos divididos en busca de nuestra otra mitad pero que sin embargo, puede que exista por ahí, alguien con quien podrías pasar el resto de tus días, alguien con quien podrías compartir tu vida sin necesidad de cederla por completo.
Así, quizá logremos aprender que el amor no debería ser ninguna necesidad, si no un gusto, algo que llega y que puede que salgamos a buscar sin quitarle toda la magia que se le atribuye
Así, quizá logremos entender también que no estamos diseñados a nada ni mucho menos prefigurados, que no nacimos para pasar horas encerrados frente a un montón de papeles, que nos estamos convirtiendo en nuestro propio desgaste de esperanzas
Que podemos amar sin necesidad de dejar de pertenercernos.
Que somos libres.
Y aunque nos llene de miedo, es hora de tener consciencia de que cada vez que hacemos algo en este mundo debería ser para algo más que sólo seguir instrucciones.