Quiero saber si sabes quién eres.
Quiero que me digas si sabes que estás fingiendo ser quien eres.
Quiero saber cómo proteges tu corazón y si se te hace fácil.
Pero tengo que admitir que el simple hecho de hacer preguntas me hace sentir más débil, y no sé por qué pero la única forma que tengo de ser fuerte en este momento es en silencio.
Sin preguntas.
Y definitivamente sin respuestas.
Por favor, dime que todo esto no carece de sentido.
Es curioso cómo las personas salen corriendo a ayudar a aquel que sufre algún accidente, a aquel que padece de alguna enfermedad, aquel que atraviesa por el luto. Estamos ahí porque en algún momento nos damos cuenta de que una muerte se lleva más que sólo el cuerpo físico de una persona. Y sin embargo, esos a nuestro alrededor que se van muriendo poco a poco, pedacito por pedacito, aquellos cuya alma se apaga de a poquito, aquellos que requieren el más mínimo sacrificio de nuestra parte, a esos, los ignoramos por completo.
Y es que no se supone que los corazones existan sólo para latir. No se supone que el aire exista sólo para ser respirado. No se supone que tu piel exista para extrañarla. No se supone que nada de esto suceda y aún así hay algunas canciones que están destinadas a repetirse una y otra vez. Aún así, el sol sale cada mañana y luego se esconde. Aún así estamos destinados a ignorarnos cada noche.
Y tu corazón llora junto al mio y cada lágrima está destinada a liberar ese dolor que quedó.
El dolor de aquella vez que te lastimé.
Nunca quise hacerlo pero supongo ya no importa, ¿no? Al final eso es lo que todos dicen.
El problema es que quiero pensarte y escribirte cada noche, pero no hago más que agarrar papel y lápiz y tambalearme entre palabras, exhausta. Me pierdo en las palabras y en la derrota del cansancio de estas letras que sé nunca responderás.
Me pierdo y me busco y me encuentro una y otra vez en nuestra historia mientras cobijo mi orgullo.
Me abrazo y me pierdo y me encuentro y me busco en medio del frío porque es la única forma que tengo ahora de sentir.
Y si tengo que admitir otra cosa admitiría que estoy cansada de que las personas se encuentren en estas letras y tú ni siquiera te estés buscando en ellas.
El problema es que quiero pensarte y escribirte cada noche y decirte que estoy bien, que no soy feliz, que no he vuelto a casa, que me he caído tantas veces y que no me he levantado otras tantas.
Quiero pensarte y escribirte y decirte que sigo intentando ser cordial, aunque no siempre lo consigo, que he conseguido un empleo, que he perdido varios amigos.
Quiero pensarte y escribirte y preguntarte quién eres para decirte que ya no sé quién soy.
Que sólo soy.
Que sólo existo.