A veces pienso que crecí en una burbuja llena de comodidades.
Otras veces, mientras observo otro atardecer lleno de recuerdos, siento que construí un muro de hierro que me protejía del mundo.
Siento que tengo un nudo entre las manos. Que lo ambiguo, lo concreto y lo irreal están unidos en un mismo barco.
Algún otro día pasa y con cada respiro me reinvento, me propongo a ser yo misma quien ponga el aire en mis pulmones, a respirar tan fuerte con el simple objetivo de no ahogarme.
Algún otro día se va y llego a casa y el sentimiento de vacío se vuelve a apoderar de mi, y es que sucede que él ya no está, que se ha ido y quizá sea para siempre.
Algún otro día pasa y pienso en ti, en que creo que me he vuelto a enamorar, en la injusticia que se haya en eso del querer.
Y es que no te he reemplazado, ¿sabes? Esto nunca fue sobre el sentir que no eras suficiente o sobre el ir en búsqueda de alguien a quien volver a entregarle mi corazón.
Sé que eres lo suficientemente listo como para entender que uno no va por ahí buscando, que sólo encuentras.
Y así pasó, encontré a alguien que transformó aquella horrible sensación en risas.
Pero algún otro día se va y ya nada importa, el vacío volvió y sólo me quedan estas letras atascadas en mis dedos.