Murucusa es un pueblo que se encuentra en la sierra del estado Falcón, que según Google Maps, está a 1 hora y 23 minutos de la ciudad de Coro, capital del mencionado estado. Realmente son 2 horas o más, pues el estado de la carretera no permite un tránsito tranquilo por la sierra. Dependerá del tipo de Vehículo que utilices.
Si pudiera definir Murucusa en una sola palabra, diría “tranquilidad”. En este lugar no hay mucha señal telefónica, lo cual nos desconecta un poco de la tecnología. Además, el estilo de vida es muy relajado. Cada quien en lo suyo, sin apuros ni escándalos. Bueno, lo del escándalo puede ser cuestionable si tomamos en cuenta lo mucho que los murucuseños proyectan su voz al hablar, pero esto es lo de menos, el sonido se pierde entre el monte y solo queda el “cantaíto” de sus voces al escuchar su campestre melodía en allegro.
Caminar por sus calles es toda una aventura, ya que en cualquier momento puede que tengas que apartarte para darle paso a un burro, un carro, una vaca, un caballo o incluso a alguna serpiente que vaya de regreso a casa.
Estar allá me hizo darme cuenta de que abrir un coco y desgranar una mazorca, son tareas un poco complicadas para uno el citadino, que está acostumbrado a tener todo listo para su consumo. Una de las cosas que más extrañaré es comerme un maíz asado en el fogón. Ni hablar de la ventaja que tienen ellos de poder sembrar alrededor de su casa la mayoría de los alimentos que consumen y tomar leche de vaca recién ordeñada. También pueden sentarse por las noches a ver las estrellas o ver caer el día con un hermoso atardecer.
No necesitan tanto tener teléfonos, porque se mantienen conectados a su realidad. Se visitan entre sí para hablar sobre la vida (y la de otros). Se desinhiben tomando Cocuy de penca, aunque podría asegurar que en Murucusa no necesitan desinhibirse, porque de pena no sufren. Los fines de semana bailan en la plaza, la calle o donde sea que haya música sonando. Juegan béisbol los domingos contra pueblos vecinos, o entre ellos mismos, con equipos como “Casados vs Solteros”. Respiran y sus pulmones se nutren de aire no contaminado.
Algo que me llama la atención es su filosofía de la reproducción. No tener ni un hijo es mal visto. Los hombres a los 20 años ya están en edad de empezar a tenerlos, y en el caso de las mujeres, un par de años antes está bien. Yo tengo 24 y varias veces me preguntaron que para cuando (risas nerviosas). En la ciudad lo común es terminar los estudios y luego pensar en tener hijos. Además, es común que no todos los padres vivan con sus hijos, sino que los engendran y se encargan de su crianza a la distancia. Lo que logro percibir, es que no tienen esa visión de los hijos como fruto del amor romántico, sino como un deber social, o ante Dios, de traer una vida al mundo.
Mientras escribo estas líneas me inundo de nostalgia. Sé que la nostalgia no es líquida, pero ustedes entienden la referencia (sonrojado).
Creo que todos necesitamos estar en contacto con la naturaleza y Murucusa es precisamente uno de esos tantos lugares que no siempre aparecen en el mapa, pero que están allí esperando a que uno vaya y los descubra. Es una especie de terapia natural y de bajo costo.
Tenía tres años sin visitar a mi familia, así que esos siete días que estuve en aquel pueblito sirvieron para relajarme y regresar libre de estrés a mi casa. Cada momento fue especial, desde que me sentaba a tomarme el cafecito por la mañana hasta que apagaba la luz para dormir.
Cada camino que recorrí, cada gallo que me despertó, el mugido de las vacas y hasta el inmenso tuqueque que estaba observándome en el baño. Cierro este post dando gracias por cada uno de esos momentos y esperando que se repitan, pero sin el tuqueque por favor.
Antes de irte, me gustaría que respondieras:
¿Vivirías en un lugar como Murucusa?
Créditos: Las fotos fueron capturadas con mi cámara Olympus TG-320. Las personas que aparecen son familiares y los animales pertenecen a la familia (menos el tuqueque).