Cuando pienso en deporte y salud, se me viene a la mente el gimnasio. Hace algún tiempo, me entusiasme y me inscribí en un gimnasio. Al comienzo era disciplinado con la rutina y la dieta, pero con el paso de los días, perdí el animo y no volví. Esto mismo le pasaba a varios amigos.
La lluvia fue larga, las calles estaban inundadas. En ese momento busque donde esconderme de la tormenta. Por cosas de la vida encontré refugio en una academia de baile. Para aprovechar el tiempo decidí entrar y averiguar.
La diversión se reflejada en las sonrisas de las personas, sus cuerpos danzaban al son de la música. Me pareció interesante, de manera que me anime a tomar unas lecciones.
Días después regresé a aquel lugar. Seguir el ritmo me costo trabajo, aunque con algo de práctica logré acomodarme. Las clases siguientes fueron más divertidas, a tal punto que termine exhausto por la intensidad del ejercicio. Descubrí que bailar es una forma divertida de ejercitarse.