En esta ocasión quiero contar una experiencia de tantas que me ocurrió en el banco y me permitió darme de cuenta la profundidad de las malas costumbres en Venezuela.
Un día tuve que ir al banco para ayudar a mis padres, en aquel entonces no existía todo el meollo que hay ahora con los pensionados y sus infinitas colas. Recuerdo que en aquella ocasión la fila estaba muy densa pero yo me formé regularmente con la idea de respetar el tiempo y el turno de cada persona, nosotros éramos regulares en el banco y uno de los cajeros era un conocido y siempre nos atendía sin que tuviéramos que formarnos.
Todo esto me hizo visualizar que los antivalores también pueden generar una idiosincrasia, especialmente cuando es respaldada por un gobierno y una crisis que no permite el desenvolvimiento armonioso de la sociedad
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