¡Oh, Dios del amor!
Tú, que de la vida haces un trance.
Tú, que unes cada hilo
hasta formar el idílico nudo que es el amor.
...
Tú, que siempre nos sorprendes
porque para aparecer elecciones insospechadas
no tienes límites
y, de entre todos,
eres el maestro de lo inesperado.
...
Tú, que eres el mercader más variado
porque ofrecer la variedad de amores es tu don.
Tú, que estas ah{i en cada tiempo,
no dejes que todo pase en vano.
...
En el pasado... del que ahora eres recuerdo,
ese recuerdo del bello sentimiento,
ese que fue dado por un pariente que ya no está
o por el más puro flechazo de Cupido
o aquel que nuestros hermanos de vida,
nuestros amigos, nos regalaron.
...
En el presente... eres un idilio.
Para algunos el más bello espejismo,
para otros la meta a alcanzar
o, quizás,
otros en su presente
piensan que eres la pesadilla de nunca acabar,
el tormento del corazón partido
o el más triste motivo para una canción.
...
En el futuro... serás lo que quiero que seas,
no tendrás barreras,
o tal vez si,
solo para demostrar que todo lo que puedes,
que de cualquier lugar llegarás,
que en cada persona,
aunque sea un pedacito de ti
podré encontrar.
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