Microrrelato, microficción, microcuento, como quieran llamarle. Con esto doy pie a mi pequeña sección de narrativa (sin nombre, por el momento) en el blog. Espero que os guste y disfruten de la lectura, sería mi mayor recompensa.
Lo que no se nos ha perdido...
Lo que no se nos ha perdido...
Era una habitación pequeña, pero en ella se podía perder cualquier cosa sin importar su tamaño. Por absurdo que pareciera buscar bajo la cama, dentro del closet, bajo el teclado de la computadora o dentro de los zapatos, Dave sabía que en el bendito cuarto vivían escondiéndose las cosas cuando más las necesitaba. Pero no se daba por vencido, o al menos no podía darse ese lujo. Tenía que escribir, y nada que aparecía su Musa.
Una vez se le perdió un calcetín, y lo más lógico era buscar entre la ropa sucia o en la lavadora. Pero jamás se imaginaria el lugar en el que estaba. Él sabía que pocas cosas que yacían perdidas, lo seguían estando, cuando su madre o su novia les asignaban un lugar con sus mágicas palabras.
—¿Ya buscaste en la mesa de la computadora?-
Por supuesto, poco importaba si la mesa de la computadora era el lugar más visible y mejor alumbrado de toda la habitación, pero en todo caso ¿por que habría de estar un calcetín sobre la mesa de la computadora? Su madre estaba tan metida en su trabajo, que bien pudo pensar que le hablaba de un lapicero. En un intento de anticiparse, Dave ya había revisado esa mesa un par de veces «por si acaso».
Irritado, vomitando de mala gana un agradecimiento forzado, regresa a su cuarto y para su sorpresa, justo al abrir la puerta, no sabía cómo ni por qué, pero ahí estaba el jodido calcetín, tendido sobre el monitor. Desde entonces solo pregunta e intenta seguir la corriente. Aunque antes, por supuesto, tiene que parecer que ha buscado durante horas por cuenta propia. De lo contrario es un lío seguro.
Para momentos así, tenía una estrategia infalible. Lo primero que debía hacer era hurgar y mover todo de su lugar, así pues, tiraba un zapato sobre la cama, almohadas, camisas y libros al piso, lanzaba algunas cosas sobre el televisor, agitaba las repisas, tumbaba las guitarras que colgaban de la pared y cuando ya todo era un autentico caos apocalíptico a tamaño escala, podía proceder a preguntar a la mujer más cercana. O al menos ese era el plan en este momento.
Habiendo preparado todo, va directo a su madre para que use de sus extraños poderes, preguntando si por casualidad no ha visto a su Musa. Dada su expresión, parecía saber la respuesta, pero él sabía que no podía confiarse.
—Creo que salió hace rato a comprar unas verduras.
Era obvio que no sabía de lo que estaba hablando, tal vez no escucho bien. Aunque pensándolo dos veces, ni siquiera él estaba seguro de que forma tenía su Musa. Ya ni recuerda cuando fue la última vez que la vio. Aun así, intenta hacer como que no escucho y le pregunta de nuevo.
Sin prestar demasiada atención como de costumbre, responde:
—¿Revisaste ya los bolsillos del pantalón que te quitaste?
Era imposible que estuviese allí, después de todo, él nunca se quito el pantalón del que ella hablaba. Decepcionado, sale al porche a encender un cigarrillo y dar el día por perdido. Al meter la mano al bolsillo para sacar el encendedor, comenzaron a fluir sus ideas, tuvo una extraña dosis de inspiración. No podía creerlo. Allí estaba, junto a las pelusas y aquel envoltorio del caramelo que se comió hace varias semanas. Soltó el cigarro y fue corriendo a su computadora. Con la esperanza de escribir a tiempo el artículo que tenía pendiente, y de que su Musa también regresara con las Verduras, después de todo tenía hambre, y ya era hora del almuerzo.
Acá os dejo algunos de mis poemas para quien guste de seguirse buscando entre palabras con un intento de orden:
- Ideal
- Pocos han visto un "te quiero"
- ¿Cómo se conocieron?
- Condenado "Poema que escribí para Halloween".
- Un Día Más; Un Día Menos
- Mi Camino
Si deseas apoyarme, ya sabes como hacerlo; Gracias de antemano